10 de Diciembre de 2018

Opinión

No tiene la culpa el indio… sino el que lo hace policía

Recién nos enteramos que cambiarán la sede de la Policía Municipal Preventiva. Así es. Luego de los más recientes, indignantes y bochornosos hechos en los que elementos de la corporación...

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Recién nos enteramos que cambiarán la sede de la Policía Municipal Preventiva. Así es. Luego de los más recientes, indignantes y bochornosos hechos en los que elementos de la corporación que encabeza mi buen amigo Gumersindo Jiménez Cuervo, se vieron involucrados, determinaron llevarse el cuartel general al Centro de Reinserción Social (Cereso) de Chetumal, por aquello de los gastos de traslado y demás.

Son más de una decena de policías involucrados en hechos violentos durante las últimas dos semanas y la confiabilidad de la sociedad hacia los uniformados cayó dramáticamente, pues ahora en lugar de sentir alivio ante la cercanía de alguna patrulla, lo más seguro es que los ciudadanos pongan distancia de por medio. Dispensen. Lo primero fue un mal chiste, pero lo segundo, no le quepa duda, será una práctica incorporada al manual de autoprotección que el propio Gumer ha impulsado desde hace algún tiempo.

Lo triste de todo este asunto, es que la falta de un trabajo eficiente de prevención está dando al traste, no sólo con el escaso patrimonio de muchas familias, porque pareciera maldición, pero los cacos siempre se van sobre el más fregado. Está deteriorando en grado importante la figura de autoridad de la policía y, por supuesto, la confiabilidad (palabra más que manoseada durante los últimos meses) de los ciudadanos en aquéllos que juraron “proteger y servir”.

El hecho es que quedó en evidencia que el perfil de estos servidores públicos, armados y muchos de ellos peligrosos, no es el más adecuado, y que la lentitud con la que se da el proceso de certificación es una amenaza para la población, pues mantiene por tiempo indefinido a potenciales delincuentes en la calle.Sé que todavía hay buenos policías, para mí, Gumer es uno de ellos, pero la gran mayoría perdió la moral. ¿Cuál es la solución? Caray, si el propio director del Instituto de Profesionalización Policial, Miguel Ángel Marchán Valdéz,ha reconocido que 8 de cada 10 aspirantes a policía no pasan los exámenes, qué nos puede esperar. Lo que está sucediendo, es que cada policía que es dado de baja, por la razón que usted guste, pudiera terminar en el bando de los malos, pero con la particularidad de que cuentan con entrenamiento y conocen la manera de operar de la corporación a la que pertenecieron.

Es por eso que el asunto ese de reubicar la sede de la Policía Municipal Preventiva me pareció algo para compartir.

El hecho, sin la intención de parecer alarmista, es que la población está a merced de ladrones y toda una fauna nociva de personas que sólo esperan una oportunidad para dejar aflorar su baja moral, por lo que aquello de la autoprotección tantas veces aludida por Gumersindo Jiménez Cuervo me parece, menos que nunca, algo descabellado para una ciudad, otrora pacífica y segura, ahora prácticamente indefensa.

Y mientras el general Carlos Bibiano Villa Castillo “venadea” invasores de terrenos y se echa rounds de sombra con mi tocayo El Español, deteniendo cuanto cargamento de con-trabando sale de la zona libre de Belice, los capitalinos ya no sabemos bien a bien si avisar a los uniformados sobre alguna situación de emergencia, o mejor entregar todas las pertenencias y ponerse “flojito”, bajo riesgo de vivir una experiencia traumática.

Lamento mucho lo sucedido a una joven mujer que se expuso junto con su pareja en un lugar donde años atrás no hubiera pasado el asunto de un arresto por faltas a la moral y las buenas costumbres. Y aquí me vuelven a saltar dos términos cuyo incumplimiento en un civil es motivo de cárcel o el pago de una multa. Pero ¿los servidores públicos, a esos que se les paga por proteger a la población, no por humillarla y hasta mancillarla de la manera más vil y cobarde en que puede ultrajarse a una mujer?

Lo he comentado con compañeros de oficio, de ninguna manera me hubiera gustado estar en los zapatos del joven que atestiguó el hecho.

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