12 de Diciembre de 2018

Opinión

Noche Blanca, en claroscuro

El tema de las calles y el transporte se convirtió en el principal problema y reveló falta de previsión por parte de las autoridades municipales.

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La propuesta de la Noche Blanca ha ganado seguidores que impactan positivamente en los números de afluencia y ganancias de los participantes, pero en su tercera edición podemos decir que el balance es claroscuro, porque, a pesar de las experiencias anteriores, faltó más definición en la logística.

Aunque el programa cultural se desarrolló fluidamente en cada sede, el tema de las calles y el transporte se convirtió en el principal problema y reveló falta de previsión por parte de las autoridades municipales.

Con la proyección de los profesionales en la materia, en teoría se estudiaron todas las posibilidades para que la experiencia de los paseantes fuera totalmente satisfactoria, sin embargo la realidad indicaba todo lo contrario, porque los policías de tránsito no se daban abasto, calles que deberían estar cerradas estaban abiertas, poniendo en riesgo a los peatones; el transporte gratuito de las vans de la Noche Blanca fue ineficaz, ya que, además de no ser suficientes, no todas se detenían cuando la gente las quería abordar, pasaban de largo ignorando las largas filas en las paradas; ni que decir de las guaguas, las cuales rebosaban de gente incluso de pie y tardaban hasta media hora en pasar por los puntos programados para abordarlas.

En fin, esta falta de afinación en la logística vial provocó un caos que convirtió el Centro de Mérida en recurrentes cuellos de botella. Aquí debió intervenir la autoridad municipal, pero en algunos puntos parecía hacerse “de la vista gorda”, y en varios metros no se veía a ningún elemento del Ayuntamiento o, si estaban, sólo miraban y no actuaban.

En este sentido se evidenció una falta de promoción respecto a las opciones que el paseante tenía para aprovechar mejor su recorrido, ya que se pudo difundir más el uso de la bicicleta, de la caminata, de liberar los primeros cuadros de la ciudad y “preparar el terreno” complementando la campaña en todos los medios tradicionales y electrónicos, para que no sólo tenga peso el tema cultural y de servicios, sino también las implicaciones de concentrar a miles de personas en zonas comunes.

Sin duda es un programa que debe madurar, para que los visitantes, tanto locales como turistas, ya no vivan la experiencia  de la Noche Blanca con claroscuros y sabores agridulces de la velada, no por la oferta de entretenimiento sino por la organización de los eventos.

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