11 de Diciembre de 2017

Opinión

¡Nooooooo vooooolllveeeréeee!

Quizá ya se anunció una toma de protesta expedita para impedir la proliferación innecesaria de panchos.

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El conciliábulo perredista para definir los actos de rechazo a la toma de posesión de Peña Nieto está mal planeado. No tanto por las acciones en sí, que van de lo radical chic al clásico noroñazo, sino porque no fueron en secreto. Digo, los altos dirigentes del Sol Azteca, entre chuchos, manceristas y marchelos, tendrían que haber sido más discretos por aquello del llamado factor sorpresa. Es decir, qué chiste tendría armarle todo un numerazo al Gel Boy si éste y sus huestes saben por dónde vendrá la carga de los apoyadores.

La cosa era reunirse en la clandestinidad, como en los complós del subjefe Diego con Ahumada, completamente a la sorda, con los debidos grados de emoción y suspense. O sea, ya mero le mandan a Videgaray sus estrategias vía Twitter para que sepa exactamente cómo reaccionar, no lo vayan a agarrar dormido. Quizá por eso ya se anunció una toma de protesta expedita para impedir la proliferación innecesaria de panchos.

Eso sí, el ala obradorista en San Lázaro ya señaló que habría show por todo lo alto, aunque todo parece indicar, dadas las circunstancias y los resentimientos, que sería muchos más en contra de Jelipillo que de Peña. Ya que tanto le gusta la cantada, como lo demuestra cada que en su Gira del Adiós le ponen una tonada,

Calderón quizá tenga que ponerse a cantar con sentimiento aquello de “¡Nooo volveréee, seee looosss diiiigooo pooorrr Diooooossss queee meee miraaa!” para calmar a la masa enardecida que no sabe valorar un sexenio que, según ha dicho el subsecretario de Gobernación, Obdulio Ávila, “deja un país relativamente en paz”. Momento que el mexiquense seguramente aprovechará para sacar rápido el trámite y poner pies en polvorosa.

Claro, si la cosa se pone peliaguda y para evitar cualquier desaguisado antes de emprender la graciosa huída del antro legislativo, el marido de La Gaviota, como se le conoce en Centro y Sudamérica, también podría calmar los ímpetus de la masa, sobre todo del furor femenino, anunciando que la incorporación del Inmujeres a Sedesol era una broma de mal gusto de su equipo de transición.

Sí, ni modo que el presidente electo menosprecie al sector que con mayor entusiasmo lo arropó en su campaña. Seguramente no es que no le importe el tema (aunque 43% de mujeres sometidas a la violencia de manera sistemática en México no es una cifra para asustar a nadie), sino que como le pasó a Moreira con la deuda de Coahuila, también me lo chamaquearon.
Sí, ajá. 

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