23 de Septiembre de 2018

Opinión

Nostalgia navideña

¡Qué tiempos aquellos, cuando el espíritu de la Natividad movió corazones!...

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Hace tres días, salí del consultorio más temprano de lo común para asistir a convivio con entrañable amigo, compadre y hermano. Relajado y con esa frescura y lucidez que te brinda la ausencia de preocupación,  transité no sólo por las calles, sino también a través del tiempo, recordando ayeres, con notables contrastes, si de la Navidad hablamos.

Me remonté a mi niñez y, cual postales imborrables, pasaron ante mí cualquier cantidad de imágenes que atropellaron mi lúcida mente. Por ejemplo, parece que fue ayer cuando, a estas alturas de diciembre, nos reuníamos toda la palomilla de la Reforma para ir de casa en casa entonando “La Rama”: ¡Me paro en la puerta, me quito el sombrero porque en esta casa vive un caballero/ naranjas y limas/ aquí está la Virgen…”. También tengo presente la convivencia que representaba adornar el arbolito y desenredar los foquitos que pondríamos en el exterior.

Embelesado seguía manejando,  y decidí contar el número de casas que mostraran en su exterior algún motivo navideño. El resultado fue deprimente, ya que me sobraron dedos de las manos. Me cuestioné: ¿qué pasó con las luces, el muñeco plástico que sugería ser de nieve, los renos y la cara de Santa Claus coronando la entrada de las casas, tan comunes en los años 80 y 90?

Se me pasaba platicarles  sobre el ritual que representaba redactar la famosa “cartita”, que contenía la ilusión de tener el último juguete que anunciaban en la tele. En pleno siglo XXI, siendo adulto y padre, les confieso  que esa ilusión del hijo era compartida por nuestros progenitores. Cuántas veces a ustedes, amables lectores, les tocó que cuando apenas la Nochebuena concluía, nuestros pequeños ya estaban al pie del árbol. ¡Ah,  cómo añoro ese abrazo en “moloch” a mis hijos!

Contrastantemente, hubo un momento en que se me nubló la vista, atrayendo la memoria de seres queridos que se me han adelantado, como mi padre, hermano, tíos y abuelos, pero al mismo tiempo me fortaleció saber que aún puedo disfrutar a muchos, empezando con mi madre y mi esposa. Con sobresalto desperté de nostálgico sueño, cuando arribé a mi destino,  y  directamente fui a  felicitar al cumpleañero, quien ha sido pieza clave en mi vida familiar.

¡Qué tiempos aquellos, cuando el espíritu de la Natividad movió corazones! Sólo te pido que este año, más allá de turbulencias y los cambios que nos agobian, por favor, que enciendas y compartas esa energía e ilusión, que sólo el Creador puede motivar.

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