13 de Diciembre de 2017

Opinión

Nubarrones sobre la capital

Con las arcas alimentadas por la captación del impuesto predial, dependiendo de un préstamo no autorizado todavía por los bancos, y con una deuda que raya en lo impagable, el panorama se ve oscuro para el Ayuntamiento capitalino.

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Con las arcas alimentadas por la captación del impuesto predial, dependiendo de un préstamo no autorizado todavía por los bancos, y con una deuda que raya en lo impagable, el panorama se ve oscuro para el Ayuntamiento capitalino, cuyo alcalde Carlos Mario Villanueva Tenorio afila la guillotina para cortar la cabeza a cientos de empleados empezando 2013, como desesperado recurso de ahorro.
 
Y es que al parecer Santa Clos ignoró la cartita navideña enviada por el alcalde y su tesorero, Joel Sauri Galué, pues a más de un mes de que el Congreso local les autorizara el empréstito de 272 millones de pesos para “salvar” al Ayuntamiento, hasta hoy los bancos se niegan a correr el riesgo.
 
El alcalde y Joel Sauri les prendieron velitas a todos los santos para que les concedieran el préstamo antes de la Navidad para cubrir sus enormes deudas a proveedores y bancos, demás de cumplirles a los trabajadores, quienes son los que más han sufrido en esta administración, que había heredado una situación complicada.
 
Lamentablemente, se descartó de entrada la opción de revisar minuciosamente y sin clemencia el período infame de Andrés Ruiz Morcillo, quien fue el artífice del caos financiero que ha doblegado al Ayuntamiento capitalino, atrapándolo en una camisa de fuerza, con milimétrico margen de maniobra.
 
En estas condiciones el proceso ha sido largo y tedioso, pues los representantes de las instituciones bancarias están tomando con pinzas la solicitud de la Comuna, analizando si vale la pena el riesgo de soltar 272 millones a un Ayuntamiento en crisis total.
 
Mientras tanto, el tesorero Joel Sauri jura y perjura que ya están avanzados los trámites con los bancos, pero que aún no terminan sus “procesos internos” de autorización, por lo que anticipó que ya no obtendrán los recursos esperados en este año, sino hasta 2013, y eso si tienen suerte.
 
Con mucho trabajo, y gracias al pago del impuesto predial de los othonenses, cubrieron los aguinaldos y la caja de ahorro de los trabajadores, pero no pagaron aún las compensaciones atrasadas, dejando a sus empleados con un palmo de narices, y más amolados que de costumbre, de cara a los costosos festejos navideños y de fin de año.
Y serán los trabajadores los que seguirán pagando los platos rotos de las gigantescas deudas, pues el alcalde anunció que recortarán 400 empleados más en el próximo año, sin contar los que ya han sido puestos de patitas en la calle.
 
Si el recorte se aplicase únicamente a los aviadores y al personal que está cobrando sin desquitar el sueldo, la medida sería aplaudible; el problema es que en los recortes siempre  pagan justos por pecadores, y hay temor de que muchos empleados que sí trabajan queden desamparados sin deberla ni temerla.

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