12 de Diciembre de 2017

Opinión

“Nuestro peor enemigo: el miedo”

No olvides: Siempre cosecharás lo que siembres: cultiva amor y se te corresponderá con amor. Da amor y se te dará más amor.

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La civilización actual parece pensar que todas las vidas pueden sacrificarse al servicio del deseo humano. Y se nos olvida que la transformación de uno mismo es el primer paso para la transformación política y social.
¿Dónde debe empezar esta revolución espiritual? En nosotros. La transformación de uno mismo es el primer paso hacia la transformación religiosa, política y social.

Mi madre solía decir: “Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad, pero antes de que puedas encender otras velas, es necesario que enciendas la tuya propia. Se tu propia luz. Después podrás ofrecerte para ayudar a los demás. ¿Cómo puedes ayudar a otras personas a ser feliz si tú no lo eres? Pero tu felicidad nace de amabilidad con los demás”.

El camino espiritual más grande es liberarse del miedo y desarrollar la confianza. Porque cuando nos liberamos del miedo y de la ansiedad, nos sentimos bien con nosotros mismos, entonces podremos comprometernos con la comunidad que nos rodea y con la sociedad en general para provocar cambios sociales y políticos que mejoren las vidas de todos.

Este desinteresado acto de altruismo nos da, en contrapartida, una sensación de satisfacción, realización y felicidad.

Por lo tanto, lo más importante es liberarse del miedo y desarrollar una confianza en nosotros mismos. Muchas de nuestras dificultades sicológicas provienen del miedo. La sensación de inseguridad, la ambición de tener éxito, el deseo de probar nuestra valentía, los esfuerzos para impresionar a los demás, el ansia de tener poder sobre otras personas, la adicción a las compras, al consumo y a las posesiones, todo esto está relacionado, en última instancia, con el miedo.

Paradójicamente, cuantas más defensas construimos, más inseguros nos encontramos. Por lo cual, el primer paso hacia la esfera espiritual consiste en comprender el miedo y cultivar la confianza. Confía en ti mismo. Tienes las capacidades que tienes. Encarnas la chispa divina, el impulso creativo, el poder de la imaginación que estará siempre contigo y te protegerá. Confía en los demás: van en tu misma barca. Desean el amor tanto como tú. Todos nosotros existimos, crecemos y maduramos en esta unidad, de reciprocidad y de agrupación.

No olvides: Siempre cosecharás lo que siembres: cultiva amor y se te corresponderá con amor. Da amor y se te dará más amor. Da miedo y se corresponderá con miedo. Siembra una semilla de cardo y obtendrás cientos de espinos cardos. Siembra una semilla de camelia y obtendrás cientos de flores. Siempre cosecharás lo que siembres, esta es una enseñanza de antigua sabiduría.

Tenemos que confiar en el proceso de Dios. El sol está ahí para alimentar toda vida. El agua está ahí para saciar la sed. La tierra está ahí para que crezcan los alientos. Los árboles están ahí para dar frutos. Dios te puso aquí para que relices sus milagros.

Bien dijo Diógenes: “La sabiduría sirve de freno a la juventud, de consuelo a los viejos, de riqueza a los pobres y de ornato a los ricos”.

Dr. Roberto Díaz y Díaz.

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