20 de Septiembre de 2018

Opinión

Nueva, vieja estrategia

Las demandas de los profesores son atendidas por las autoridades de cada uno de los Estados donde se ha normalizado el ciclo escolar.

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Hemos visto hace unos días el anuncio de la conformación providencial de un nuevo grupo de la izquierda oficial integrado por Ifigenia Martínez, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador, sin más consigna que oponerse a las iniciativas que haya presentado en el pasado y las que pudiera presentar en el futuro el presidente Enrique Peña Nieto.

Y resulta providencial, pues han querido tomar la estafeta que ha tenido que soltar el movimiento magisterial, dado el desgaste y el desprestigio que ha sufrido, luego de dos meses de desquiciar el tráfico y la vida de los habitantes y las visitas del DF donde, bajo el fragor del combate, han puesto en evidencia su sinrazón.

Eso queda claro cuando se constata que las demandas de los profesores son atendidas por las autoridades de cada uno de los Estados donde se ha normalizado el ciclo escolar, con excepción de los lugares donde son usados para exacerbar el descontento con fines ajenos a la docencia.

Pero no resulta casual que tan prestigiados caudillos se unan precisamente ahora que a López Obrador, habiendo abandonado la coalición de partidos que lo postulara, le urge el reconocimiento formal de “Morena” como partido político y que lo hagan sin tomar en cuenta la dirigencia de los partidos donde acostumbran militar.

Porque si algo ha caracterizado a tan conspicuos personajes es su alta capacidad para transitar entre las diversas organizaciones políticas, sin someterse a las exigencias de ningún partido, lo que puede interpretarse como síntoma inequívoco de su falta de capacidad para asumir compromisos duraderos.

Y como las razones no importan, al movimiento encabezado por Cárdenas, que tenía la finalidad específica de oponerse a la “Reforma Energética”, sin cuidarse de caer en el choteo, se le suman oponerse a la “Reforma Educativa” y también a la “Reforma Hacendaria”, sin tomarse siquiera el trabajo de averiguar qué se propone en cada una de ellas.

Porque cuando dicen, por ejemplo, que se oponen a la propuesta hacendaria de Peña Nieto, que se negó a cobrar el IVA a los alimentos y las medicinas, pudiera entenderse que ellos apoyan el IVA generalizado, como propuso la iniciativa privada que incongruentemente se queja hoy por la propuesta de cobrárselo a las colegiaturas privadas.

Y que están en contra de las añejas demandas de la izquierda de establecer en nuestro país el Seguro de Desempleo, en contra de la pensión general a los individuos de la tercera edad y en contra también del acceso universal a los servicios de salud.

Es por ello quizá que se suman a las fuerzas que tratan de impedir su cristalización.  Su maniqueísmo electoral es el que les impide apoyar las causas justas de la sociedad y asumir los compromisos necesarios para sacarlos adelante hoy.

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