23 de Septiembre de 2018

Opinión

Nuevo orden mundial, nuevas reglas

Mi celular está cerca de mi más que cualquier integrante de mi familia. ¿Parece poco?

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No hace mucho que el celular dejó de ser sólo un aparato para hacer llamadas. Ese pequeño dispositivo resume bien la capacidad de la inventiva humana: es despertador, agenda, secretario particular, cámara fotográfica, un juguete, un compañero. Me da la oportunidad de pagar la cuenta por internet, comprar, buscar, encontrar, reservar. Mientras estoy en la sala de espera puedo leer libros, me entero por Twitter de las noticias más recientes del mundo. Cuando hago ejercicio, suena las canciones que yo quiero, me dice cuántos kilómetros corrí y cuántas calorías quemé. Resuelve mis dudas al instante, sólo hace falta una pregunta y un click para que Google o Wikipedia me muestren las respuestas que me interesan.

Conservo parte de mi vida en él, mis contactos, mis fotos, mis mensajes y correos electrónicos; notas de trabajo, fechas importantes. Mi celular está cerca de mi más que cualquier integrante de mi familia. ¿Parece poco?

¿No es todo esto asombroso? Definitivamente sí; pero todo en la vida tiene un precio, ni la telefonía ni el internet son garantía de privacidad absoluta. 

Medios internacionales acusaron a Estados Unidos de operar un  monumental sistema de espionaje electrónico, cosa que no dudo sea verídica. Creo que el país americano vigila dentro y fuera de su territorio, como también creo que otros países lo hacen. En el celular se concentra mucho de lo que una persona es, sus operaciones y movimientos, entonces es bastante obvio el argumento del espionaje.

En julio, un diario brasileño publicó que el gobierno norteamericano tiene programas de espionaje en Argentina, Colombia, Ecuador, México y Venezuela.

El Presidente Peña dijo que sería inaceptable el espionaje en nuestro país y que pediría explicaciones a través de la cancillería mexicana, pero no supimos más. 

Aunque no tengo nada que pueda interesarle a ninguna agencia de inteligencia, no estoy de acuerdo con que se metan en mis cosas, a nadie le gusta que invadan sus límites. 

El celular es uno de los inventos más increíbles del mundo, pero tal parece que dentro de las reglas del juego está tener que aceptar que la privacidad no existe, sería irreal creer que nadie observa lo que hacemos con la tecnología.

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