26 de Mayo de 2018

Opinión

Objetivos cumplidos

Al final, por presiones del PAN, se obtuvo una legislación que permite una mayor apertura que la presentada por el Gobierno Federal de las industrias eléctrica y de hidrocarburos.

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Como se había previsto, por la posición irreductible de las organizaciones de izquierda, la Reforma Energética resultó la más polarizante y también  la que se vio sujeta a las prácticas del “filibusterismo” parlamentario, que, más allá del formato norteamericano de prolongar infinitamente los discursos a fin de evitar someterla a votación, fue aderezado con tomas del salón de plenos, amenazas, empujones y uno que otro rasguño, lo que no impidió que a fin de cuentas fuera aprobada por una votación de 353 votos a favor por 134 votos en contra.

Pero la división y el encono que propició esa reforma a nivel parlamentario distó mucho de las tibias manifestaciones que los seguidores de Morena y demás contingentes izquierdistas, incluida la CENTE, protagonizaron en las  afueras de los recintos legislativos, tanto por su tamaño como por su combatividad, lo que algunos atribuyen al síncope cardiaco sufrido por AMLO, que los suspicaces tildan de sospechoso.

Al final, por presiones del PAN, se obtuvo una legislación que permite una mayor apertura que la presentada por el Gobierno Federal de las industrias eléctrica y de hidrocarburos, al incluir la posibilidad de otorgar licencias asimilables a concesiones a las empresas privadas, además de los contratos de riesgos compartidos originalmente propuestos, así como la posibilidad de pagarle en especie, con crudo, a las empresas contratadas, lo que le permitiría a la Secretaría de Energía y/o la recién creada Comisión Nacional de Hidrocarburos elaborar “trajes a la medida” para cada una de ellas.

Pero más allá de que estemos o no de acuerdo con los detalles de cada una de las reformas legales operadas por el gobierno, resulta importante constatar que al final del año, a pesar de las dificultades económicas que hemos enfrentado, el de Peña Nieto se asume como un gobierno consolidado que deja atrás dos décadas caracterizadas por Ejecutivos débiles o faltos de oficio que, incapaces de fijar el rumbo de la nación, parecían sometidos o bien por los llamados poderes fácticos o por las vicisitudes meramente coyunturales.

Así queda demostrado el oficio político de un mandatario que optó por utilizar su primer año de gobierno, más que para demostrar su legitimidad o para incrementar su popularidad, para modificar el entramado legal para estar en condiciones de conducir en los próximos 5 años al desarrollo económico, social y político que, conforme a su proyecto, merece el país.

Las reformas estructurales, durante más de veinte años impensables, constituyen hoy día el primer objetivo alcanzado por el gobierno de Peña Nieto, que contribuirán a proporcionar recursos financieros suficientes así como a estimular la inversión privada y extranjera necesaria, a fin de retomar el camino del crecimiento largamente pospuesto.

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