18 de Septiembre de 2018

Opinión

Obstáculos para amar

Cuando nos comprometemos a amar de verdad, a dejar de ser “buscadores” de defectos... entonces la vida fluye logrando relaciones sanas.

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Conocí al enemigo y el enemigo era yo.- Anónimo  

Los celos son un deseo inconsciente de sufrir y de acusar a otras personas de ser la causa de nuestro dolor. Los celosos buscan amar para llenar su corazón, sin embargo, el “ego” les dice que no pueden confiar en el amor porque serán rechazados y traicionados; es cuando tratan de controlar a la persona “amada” en lo que hace, dice y hasta piensa. 

Los celos se disfrazan de “amor”, fingiendo intereses generosos, sin embargo, son intentos de controlar y poseer a las personas. Existen en las relaciones de pareja, en las de amistad, con compañeros de trabajo y hasta con los hijos. Inconscientemente, un padre o una madre posesivos al oprimir cada vez más al hijo, a la hija, evitan su crecimiento y su autonomía y en nombre del “amor” obstaculizan la vida de quienes dicen amar en lugar de promoverlos a su realización para lograr su autosuficiencia.  

La persona celosa llega a ser tan posesiva que quien es objeto de sus celos debe decirle en dónde está y qué hace en cada momento, negándole la libertad de ser y por ende, su individualidad. Todo esto, por falta de confianza y valoración de sí misma que le lleva a buscar su propio valor fuera de sí misma. La rivalidad y los celos están presentes en las relaciones de personas con una pobre autoestima, creando un desastroso estilo de vida. 

Otro punto puede ser el dinero, cuando se utiliza para someter, manipular, chantajear y hasta humillar. Se toma como “verdadero” el dicho: “el que paga, manda”. ¿Cómo puede ser que se pretenda ejercer el control de la persona, a la que se dice amar, mediante el dinero? Se supone que el matrimonio es una unión de dos personas con igual dignidad. Sin embargo, la lucha por dominar niega en algunas parejas esta verdad e indica un gran egoísmo considerando que el valor de la persona proviene de lo que tiene, no de lo que es.

Al cultivar la autoconfianza y un alto sentido de valoración no se entra al “juego” competitivo o de carcelero. Se conservan las relaciones que nos alegran y llenan de satisfacciones. Cuando nos comprometemos a amar de verdad, a dejar de ser “buscadores” de defectos y a evitar interpretar negativamente la conducta de los demás, los celos, la posesividad y la rivalidad se desvanecen; entonces la vida fluye logrando relaciones sanas, nutritivas y enriquecedoras para nuestro bien y de los que amamos.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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