19 de Septiembre de 2018

Opinión

Un océano que cruzar

José Luis Prado es un nadador con pedigree olímpico (Munich 72, Montreal 76) y uno de los pioneros de aguas abiertas en el Sureste de Yucatán.

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Conozco a Carlos Franco desde hace muchos años. La pasión compartida por la natación nos reunió hace tiempo. Después surgió la amistad, divertidísima por cierto, y un afecto genuino que con el  transcurrir de los años se ha acrecentado. El querer nadar de Cancún a Islas Mujeres nos embarcó en una aventura en la cual todavía estamos inmersos. Hoy a sus 42 años es un exitoso empresario del deporte, su acuática, como ninguna otra, ha sido la plataforma desde la cual muchos hemos incursionado en aguas abiertas. 

Cuando uno entra al mar nunca sabe de qué tamaño será la pesca. Así pues, muchas brazadas después nos topamos con uno de los peces grandes de la natación en México: José Luis Prado, nadador con pedigree olímpico (Munich 72, Montreal 76) y, para suerte de los que vivimos en Yucatán, uno de los pioneros de aguas abiertas por estas geografías.

¿Un empresario y un nadador olímpico en las mismas aguas? Ahí comienza la conspiración que culminó la semana pasada en una clínica de Nora Toledano, a quien todos los presentes le pedían autógrafos o una foto; una auténtica “Rockstar”. 

¿Y, cómo no habría de serlo? Atleta y entrenadora de grandes ligas y un referente obligado en la modalidad de aguas abiertas a nivel mundial. Sus logros: once cruces al Canal de la Mancha, nados de Europa a Africa y alrededor de Manhattan; y me estoy quedando corto. 

De mí, ¿qué les puedo decir? Sólo que soy un tipo con suerte y después de la semana pasada lo vuelvo a confirmar, pues tuve el privilegio de convivir con grandes nadadores,  desde el más laureado hasta el más novato. 

¿Quién se esfuerza más, el que gana una carrera o quien cruza una alberca por primera vez? Ambos ¿No? 

Ver nadar a Nora o José Luis es un espectáculo, pero también lo es ver a esa nadadora que venciendo sus demonios deja la seguridad de la playa e incursiona en aguas profundas.

En la vida,  como en el mar, cada uno de nosotros tiene una travesía muy personal, un océano que cruzar.

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