24 de Septiembre de 2018

Opinión

"Ojo con los prejuicios"

Los prejuicios tienen su origen al menospreciar a otros sin fundamento.

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“Sólo los hombres libres de todo prejuicio son capaces de considerar los problemas desde un punto de vista verdaderamente humano”.- Albert  Einstein, científico, físico

Los prejuicios, como la palabra misma indica, son formas irracionales de preconcebir a otras personas, culturas, razas, situaciones y hasta comidas. Tienen su origen al menospreciar a otros sin fundamento, ya sea por su apariencia, religión, filiación política, deporte y hasta por la preferencia de algún equipo deportivo.

Los prejuicios son parte de la formación que recibimos y se forman  cuando nos hacemos una idea anticipada, descalificando lo que para nosotros es “extraño”, y/o  es “diferente”, entonces evaluamos de acuerdo a las asociaciones guardadas en nuestra memoria sin razonar objetivamente. 

Podemos aprender a apreciar, sin juicios “a priori”, observando lo que vemos, oímos, olemos, gustamos o tocamos, es decir, con nuestros sentidos para distinguir la realidad de la opinión propia y ajena y esto nos liberará de manías y prejuicios.

Hay que reeducar nuestra persona y nuestros sentidos para ganar madurez y fortalecer nuestro criterio. Revisémonos: ¿”pontificamos”, es decir, hablamos como si poseyéramos la “verdad absoluta”? ¿Hablamos o dialogamos, claro o enredoso? ¿Criticamos? ¿Descalificamos? ¿Expresamos lo que queremos decir? ¿Nuestra voz es monótona o matizada?, ya que nuestro tono de voz revela el tipo de personalidad y refleja los estados de ánimo. 

Al comunicarnos con otros, si es posible, hagamos contacto visual para “escuchar” mejor, así nos enteramos de lo que dicen y de lo que quieren decir; fijémonos en su gesticulación y ademanes; advirtamos sus posturas, veamos su forma de vestir. Todo lo anterior sin juzgar y frenando las ideas irritantes, descalificadoras y atemorizantes, simplemente observando.

Sólo así podremos ir eliminando el hábito de prejuzgar y haremos contacto con lo que es real, y no con los prejuicios que nos hacen tanto “ruido” e impiden hacer contacto con personas y situaciones. 

Es necesario para vivir mejor, tener la convicción de lograrlo y hacer de nuestra armonía y felicidad una verdadera profesión.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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