26 de Septiembre de 2018

Opinión

Opción preferencial por los ricos

Integrantes del clero recibieron con desagrado el mensaje de Francisco

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Se fue el Papa Francisco. Muchos ya respiran tranquilos. Los primeros, los responsables de su seguridad, del secretario de Gobernación para abajo, que a buen seguro no pudieron pegar ojo durante un solo minuto de la visita. Pero son sin duda los destinatarios de su mensaje en la Catedral Metropolitana, los integrantes el alto clero, quienes menos cómodo encontraron al pontífice. 'No se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los ‘carros y caballos’ de los faraones actuales. [...] México necesita obispos servidores, no se necesitan príncipes'.

En un país dónde ciertos clérigos exhiben sin pudor, no ya su confianza, sino su condición de faraones por sí mismos, donde sus fastos compiten con los de la plutocracia, y donde se involucran en conflictos financieros de decenas de millones de pesos, no puede sorprender el desagrado que los muchos aludidos sintieron por la visita, menos aún el que sienten por las políticas humanistas y hasta humanitarias promovidas por Francisco, hacia afuera y hacia adentro de su Iglesia.

Tampoco es un Papa grato al puñado de personas que posee la inmensa mayoría de las riquezas del país. Su nombre mismo, su sencillez personal y su falta de apetito por el dinero son ya una amenaza para la íntima alianza con los príncipes reprobados.

La posibilidad de una Iglesia cercana a las necesidades, mundanas y básicas, de la inmensa mayoría de su feligresía no es el mejor caldo de cultivo para el consenso neoliberal de que el obsceno enriquecimiento de unos cuantos debe ser la meta de gobiernos, naciones y credos. Por ese camino, podrían volverse a escuchar historias de camellos y ojos de aguja, que muy exitosamente se han venido soslayando hace tiempo.

Falta mucho para que la Iglesia renuncie a la opción preferencial por los ricos, consolidada reciamente en el último cuarto del siglo XX. El esfuerzo de Francisco rebasa sobradamente lo meritorio, pero sólo el tiempo dirá si su prédica la recibe el clero o el desierto. Tal vez, sólo tal vez, pueda así dar justa respuesta al reclamo que hace décadas hacía su paisano, Atahualpa Yupanki: '¿Que Dios vela por los pobres?/Tal vez sí, o tal vez no/pero es seguro que almuerza en la mesa del patrón'.

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