26 de Septiembre de 2018

Opinión

Otra vez Ebrard

El exjefe de gobierno rompió con su organización y decidió mantenerse en la actividad política en otra.

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Tras la negativa de una candidatura del que entonces era su partido, el de la Revolución Democrática, ahora el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revocó, en una decisión jurídicamente inapelable, la postulación de Marcelo Ebrard a una diputación federal, hecha por Movimiento Ciudadano.

La resolución es discutible incluso apegándose ciegamente a la letra de la ley -que prohíbe que se busque una candidatura desde dos o más partidos- al grado que uno de los magistrados voto contra la sentencia, aprobada por mayoría de votos. Sin embargo, me parece que en una discusión más amplia se evidencia que la decisión carece de sustento constitucional, pues niega indebidamente tanto el derecho de Ebrard a ser votado, como el de sus partidarios a votar por quien mejor les parezca.

La última reforma electoral estableció sanciones a los disidentes de los partidos políticos. Esto se consagró, por ejemplo, con la prohibición de que legisladores y alcaldes puedan buscar reelegirse por un partido distinto al que los postuló originalmente, o proscribiendo que un ciudadano busque una candidatura en dos partidos distintos. Estas medidas son excesivas, pues con ello el Estado asumió funciones disciplinarias en favor de quienes controlan cada partido, en detrimento de la libertad de elegir de los ciudadanos.

Pero, en este caso, el exceso se convierte en abuso, pues nunca simultáneamente Ebrard buscó una candidatura por el PRD o por MC. No fue sino hasta que el primero lo descartó que aceptó una invitación del segundo, en el que no siguió un proceso paralelo para ser precandidato, sino que aceptó una postulación cuando ya no era aspirante por el PRD.

El exjefe de gobierno rompió con su organización y decidió mantenerse en la actividad política en otra. Al penalizarlo, el tribunal forzó la interpretación de la ley para garantizar, como un principio, el mitigar que las disidencias lastimen a los partidos. Sobrepasó sus deberes, lastimando las bases de pluralidad y libre elección, afectando más a la ciudadanía y al desarrollo democrático que al mismo excandidato.

Medidas y decisiones restrictivas a la libre participación en elecciones son precisamente las que logran que pequeñas camarillas secuestren la democracia mexicana.

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