09 de Diciembre de 2018

Opinión

Otra visión del henequén

Con la conquista, los ojos de los españoles se posaron en la fibra y comenzó su cultivo para fines comerciales.

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Ante la necesidad de conocer más profundamente los orígenes históricos de la explotación, cultivo y comercialización del henequén en Yucatán, acudí al testimonio de mi amigo Miguel Alfonso González Marín, criado y educado en una conocida y antigua familia del pueblo de Seyé, gente buena y honesta del campo yucateco, quien, sin duda alguna, me daría un testimonio muy fiel sobre esa actividad prehispánica. 

Es fácil consultar la obra de otras admirables plumas de la solvencia de don Francisco Molina Solís, Antonio Betancourt Pérez, Ing. Palomo Valencia, Gustavo Molina Font, Enrique Aznar y otros más que escapan a la memoria y que han escrito e incursionado en el tema del oro verde yucateco; sin embargo, esta vez preferí quedarme con el relato de don Miguel, quien creció en el plantel, sembró, cuidó y cortó las pencas hasta convertirlas en hilos y sogas de henequén dejando  huella de sus experiencias y del  testimonio familiar en una serie de libros y en especial el titulado Síntesis Histórica del Henequén en Yucatán.

La obra es interesante por la cantidad de datos fieles que cita. En ella, el autor confirma que existen antecedentes históricos de que los mayas cultivaban y explotaban pequeñas plantaciones de henequén para uso doméstico, confección de cuerdas para extraer agua del subsuelo, igualmente para atarse a los pies sus xanab-keueles, en la construcción de sus casas, para atar las maderas del armazón de los techos y las palmas.

Cita que, con la conquista, los ojos de los españoles se posaron en la fibra y comenzó su cultivo para fines comerciales, pues aumentó la demanda para su uso en la encordadura de los barcos de vela  de aquel entonces, en la fabricación de avíos de pesca, el atado de algunas cosechas. En aquel tiempo la extracción de la fibra se hacía de manera  rudimentariamente, usando el tonkos o tonko-ché y el pak-ché, diseñados y construidos por los pobladores mayas.

Describe claramente y con precisión de fechas los diferentes momentos de su explotación masiva y la producción de sus derivados. Señala su despegue industrial cuando Cyrus McCormick, inventa y comienza a fabricar máquinas cosechadoras de trigo, maíz y otros cultivos, para los cuales es indispensable un hilo de engavillar resistente, bueno y barato. Un libro absorbente por su contenido y ameno de leer. Gracias don Miguel.

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