20 de Octubre de 2018

Opinión

Otro cuento sobre el enano de Uxmal (I)

En Nohpat había una vieja que hacía sortilegios y hablaba de noche con los corcorvados de los cerros; conocía las hierbas que causan y curan males, entre otras muchas cosas que nadie supo jamás.

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Se dice que hace muchísimos años, entre los cerros de los Uitzes estaban Nohpat y Sanahtan. Era un campo fértil cruzado por muchos caminos, y la bella Uxmal estaba edificada, pero no se veía. Los hombres sólo conocían una casita blanca, la casa del rey, y un pequeño templo blanco también, colocados en medio de las cementeras y junto al camino del antiguo pueblo de Nohpat, en la falda de los cerros de los Uitzes, donde vivían unos hombres corcovados y ágiles, que no eran como los demás y a veces iban y venían sin que nadie los pudiese ver.  Cuentan que estos hombres construyeron Uxmal, allí habitaban sólo ellos, por ser los únicos que podían verla.  

En ese tiempo había en Nohpat una vieja que hacía sortilegios y hablaba de noche con los corcorvados de los cerros. Su casa era una cabaña de tierra y hoja de palma en el final del pueblo. Esta vieja conocía las hierbas que causan y curan males, entre otras muchas cosas que nadie supo jamás. Sabiendo que un día iba a morir, deseó tener un hijo y  fue una noche a ver a los corcorvados de los cerros, quienes le dieron un huevo grande que puso a incubar bajo la tierra; al cabo del tiempo nació un niño con cara de hombre, que no creció, pero era tan despierto que desde que nació hablaba y sabía cosas que maravillaban a las gentes. La vieja siempre dijo que era su nieto, pues comprendió que no creerían que a sus muchos años pudiese tener un hijo.

Este enano era despierto y curioso y observó que su abuela no se separaba de las tres piedras del hogar, las cuales tapaba cuidadosamente, lo que provocó  el deseo de saber lo que ahí ocultaba. Para esto, como era sagaz y malicioso, hizo un agujero en el fondo del cántaro que su abuela usaba para traer agua para el uso diario de la casa, para que no lo pudiese llenar y tardara mucho, y él tuviera tiempo para remover la ceniza del fogón y ver lo que ahí había escondido… Y hasta aquí lo dejamos por hoy.

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