22 de Octubre de 2018

Opinión

Paisaje teatral

Recordé mis inicios en el teatro, cuando las tortas y las empanadas eran el único pago que teníamos, después de viajar horas para presentarnos en tarimas totalmente inestables.

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En el tiempo que llevo haciendo teatro, he tenido la fortuna de compartir mis obras en diferentes países, pero hacer teatro en casa siempre será un suceso. Por eso me sentí complacida cuando la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán me invitó a formar parte del circuito de teatro regional itinerante. Las obras invitadas se presentaron en parques, plazas, explanadas, escuelas y casas de la cultura. En 2014 se presentaron veintisiete puestas en escena, con un total de ciento setenta y cuatro funciones y la asistencia de treinta y dos mil seiscientas sesenta y cinco personas. Me parece una buena estrategia para la formación de públicos, para que los artistas salgamos de nuestras zonas de confort,  realicemos adaptaciones y ajustes para la buena presentación de nuestras obras. La entrada fue completamente gratuita, el público asistió complacido a las funciones y externaba su deseo de seguir viendo teatro. 

Apostar por la formación de públicos desde el interior del Estado me hace creer que se están construyendo redes de adentro hacia fuera, que se abren caminos que inevitablemente fluirán a favor del arte y la cultura: los rostros de los niños y sus risas me permiten afirmarlo. No es fácil sacar las obras del teatro, llegar a foros precariamente adaptados o con lo mínimo para presentarnos. Por fortuna, el circuito era por cinco funciones, valió la pena el esfuerzo: cinco viajes en los que, como en nuestros inicios teatrales, íbamos pegaditos, hombro a hombro, esquivando escenografía, con la utilería en las piernas y la expectativa de descubrir: ¿Dónde actuaríamos? ¿Cuántos vendrían a vernos? Como saltimbanquis que llegan al pueblo a esperar la bondad del que quiere ver teatro y, al término de las funciones, disfrutar la hospitalidad en platos desechables con salbutes, panuchos y hasta donas. 

Recordé mis inicios en el teatro, cuando las tortas y las empanadas eran el único pago que teníamos, después de viajar horas para presentarnos en tarimas totalmente inestables. Escribo y vuelvo a reír, recordando el atracón que nos dimos en Valladolid, en un foro que estaba en ruinas y hoy está renovado. El circuito continuará en 2015. Vale la pena ser selectivos en las obras que programan, pero, sobre todo, vale el enorme esfuerzo que hacemos todos: Sedeculta, artistas, Conaculta, encargados de cultura de municipios, por tomar espacios vacíos y llenarlos de teatro, por cambiar un rato el paisaje televisivo y convertirlo en un paisaje teatral.

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