20 de Julio de 2018

Opinión

Paquito Ríos 'Zapote'

Lejos de asumir un lugar al lado de la soberbia, prefiere contar innumerables anécdotas que siempre nos dejan admirados.

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El miércoles pasado tuve el enorme gusto de asistir a una función especial de la obra “Tío Vania, escenas de la vida en la hacienda”, dirigida por la maestra Raquel Araujo.  

Lo especial de la función radicó en que al actor Francisco Ríos “Zapote” se le entregó un reconocimiento por sus sesenta años de trayectoria teatral. Nutridos aplausos cosechó don Paquito esa noche, aplausos no sólo por su larga e irreprochable carrera, sino también por el espléndido ser humano y compañero de escena que ha demostrado ser a lo largo de su vida.

Don Paquito ha hecho teatro dentro y fuera del Estado, ha colaborado con importantes directores que quedan maravillados por su amable y generosa forma de ser. Yo misma he tenido el lujo de trabajar con él y es de los pocos que no ponen en primer plano sus años en escena, sino su mejor esfuerzo para compartir. Ya me ha tocado trabajar con otros actores de teatro regional y es difícil dirigirlos porque al primer desacuerdo en la dirección manifiestan: “Cuando yo empecé a hacer teatro tú ni habías nacido”. 

Esto no sucede nunca con don Paquito, lejos de asumir un lugar al lado de la soberbia, prefiere contar innumerables anécdotas que siempre nos dejan admirados. Particularmente me encanta su época de carpero, donde, como él mismo refiere, tenía que abrir el telón -en los foros donde había telón-, ir a presentarse a pueblos donde por tarima les ponían dos tambores y una tabla y el pago era un kilo de huevos o una gallina, “íbamos amontonados en una camioneta de redilas”. 

Cuando don Paquito rememora esos tiempos sus ojos se iluminan por la nostalgia de otro Yucatán, hoy muy lejano en sus representaciones culturales.  “Están en la gloria jóvenes, ustedes tienen teatros para presentarse, nosotros hacíamos teatro donde nos decían, qué camerinos ni qué camerinos, te cambiabas donde se pudiera”. 

Creo que don Paquito es el último juglar que nos queda de la época de oro del teatro regional, pero eso no ha limitado su carrera como actor y ahora lo vemos trabajando con un grupo en extremo riguroso como “La Rendija”.  Felicidades a toda la compañía por ese trabajo tan compacto, felicidades a la maestra Raquel Araujo por  no olvidar a los grandes de nuestro teatro y otorgar ese merecido reconocimiento a don Paquito: hombre humilde, sencillo, pero muy pícaro a la hora de decir verdades. Mi admiración total para él, me consta que está más allá de los egos o las vanidades. ¡Enhorabuena querido Zapote, que sean muchas obras más!

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