19 de Septiembre de 2018

Opinión

Patadas de ahogado

El nuevo 'modelo' para salvar la reforma educativa sólo refleja la intención política de salvar al secretario de Educación que en estos momentos patalea para no ahogarse.

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La decisión de lanzar un nuevo “modelo” para salvar la reforma educativa a escasos dos años de que concluya el presente sexenio sólo refleja la intención política de salvar al secretario de Educación que en estos momentos patalea para no ahogarse entre sus eternos conflictos con la CNTE.

Resulta ilusorio pensar que convocar a un plebiscito público compondrá un sistema educativo que históricamente lleva ya muchos cambios y reformas, muchas veces incongruentes con los proyectos de desarrollo nacional. Aunque se habla inicialmente del gran proyecto educativo de la Revolución Mexicana, el análisis de las políticas educativas identifica por lo menos diez proyectos educativos aislados, con discontinuidades y rupturas entre una administración y otra y a veces dentro de la misma. Estos son: el proyecto de educación nacionalista (1921-1924), el proyecto de educación rural e indígena (1924-1932), el proyecto de educación socialista 1932-1936, el proyecto de educación técnica (1936-1940), el proyecto de unidad nacional (1940-1959), el Plan de Once Años para la Expansión y Mejoramiento de la Educación Primaria. (1959-1970), Planes y Programas de Reforma, Descentralización y Modernización de la Educación (1970-1993), el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (1993-2006), las reformas de 2006, 2009 y 2011 y por último la propuesta que se pretende construir en una supuesta consulta popular.

El desastre es comprensible, pero, si queremos componerlo, debemos ser objetivos y no ver el problema con fines electoreros. Aún tenemos millones de mexicanos analfabetas y un alto porcentaje de alumnos en rezago. Debemos primero resolver problemas como la pobreza y la desigualdad, impulsar las actividades científicas y tecnológicas en la escuela, abandonar los métodos de enseñanza de hace 30 años, con alumnos pasivos; necesitamos repensar y reinventar las escuelas con nuevas pedagogías; enseñar valores actualizados y enseñar a trabajar en equipo para resolver problemas. Usar la tecnología como una herramienta para alcanzar aprendizajes significativos.

Pero, lo más importante, debemos escuchar a los maestros, pues son ellos quienes se enfrentan diariamente al problema educativo, y eliminar acuerdos como el número 696 por el que se establecen normas generales para la evaluación, acreditación, promoción y certificación en la educación básica, otorgando al alumno el pase casi automático al grado siguiente.

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