20 de Octubre de 2018

Opinión

Pecados capitales y mea culpa

Deshazte de los lastres y vuelve a ser niño; enciende la esperanza que cimienta la Navidad.

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Es diciembre y agoniza el 2014, pero, de forma contrastante, no se siente esa emoción ni el cosquilleo que por dentro nos producía antaño el momento. Ayer me hizo reflexionar el comentario de una compañera, quien lastimosamente destacaba las caras largas y actitudes pesimistas por doquier. Y pregunto, ¿qué incomoda o evita alcanzar la plenitud en cada obra del día, máxime en estas épocas?

No quedando conforme con las interrogantes planteadas, me senté en la noche y tratando de encontrar respuestas en el mundo de las letras, sin querer  me topé con pasajes de la “Divina Comedia”, cuya fuente de inspiración seguro fueron algunos pecados capitales. Me refiero a  lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia. 

Pero más allá de criticar o citar nombres de compañeros, superiores, subalternos o personajes de la calle, yo invitaría a cada uno de nosotros a realizar un autoanálisis honesto, a través del recuento de acciones y hechos en el transcurso de las últimas 50 semanas. ¿En qué pecados capitales incurriste, consciente o inconscientemente? Sobre los daños, no te lamentes, ocúpate de resarcirlos desde hoy, mañana y siempre. ¡Nunca es tarde!

Veamos, para iniciar el recuento: ¿es acaso la avaricia tu talón de Aquiles? Del mismo modo que la lujuria y gula satisfacen pasiones, la avaricia busca sin descanso la adquisición de riquezas materiales que nos van llevando a la pobreza de valores y a creciente separación de la familia. Nos justificamos refiriendo que para vivir mejor hacemos lo que hacemos ¡falso!

Si de la pereza hablamos, no sólo haría énfasis  en la tristeza de ánimo para hacer las cosas bien y para provecho del colectivo, sino también de lo que nos aparta de las obligaciones espirituales. No menos dañina es la ira, sentimiento no ordenado ni controlado de odio y enojo que lleva de la mano al desmembramiento de la cohesión social. 

La envidia, cual tsunami , arremete con todo. Pecado capital que no se detiene para violentar, atropellar, lastimar y actuar con doble cara, revelando la pusilanimidad del ser humano. Quisiera cerrar con la soberbia o el orgullo de ser el  más importante y atractivo, ya que busca enaltecer virtudes propias, sin reconocer la paja del semejante. 

Pregunto: ¿no serán estos elementos principales detonantes del creciente inconformismo, más allá de la descomposición  económica y social que nuestros gobernantes han construido con afanoso esmero? 

No contestes, sólo te pido que sonrías y disfrutes. Deshazte de los lastres y vuelve a ser niño; enciende la esperanza que cimienta la Navidad.

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