22 de Julio de 2018

Opinión

Peña, Elba y la mano dura

El Presidente había dado muestra de su capacidad para tomar decisiones que implicaban usar a los cuerpos policiacos.

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El impacto de la detención de la lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, es sin lugar a dudas de la mayor trascendencia política, aunque no necesariamente en el terreno de la vida sindical, la transparencia o el combate a la corrupción.

Se trató del manotazo de un Presidente que tiene toda la intención de echar a andar su proyecto y que tiene como mensaje claro que actuará con mano dura contra quienes se le opongan, usando todas las herramientas y el poder del Estado para hacerse obedecer.

Ya antes Enrique Peña Nieto había dado muestra de su capacidad para tomar decisiones que implicaban usar a los cuerpos policiacos. En San Salvador Atenco, el entonces gobernador no tuvo empacho en dar una muestra de fuerza que rayó en el exceso para someter a los macheteros del Frente de de Pueblos en Defensa de la Tierra.

Entonces enfrentó el costo político y sacrificó a su secretario de Seguridad Pública, el almirante Wilfrido Robledo, pero consiguió desactivar las protestas violentas de los atenquenses, quienes habían sido tolerados por el gobierno de Vicente Fox a grado tal que detuvieron la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.

Ahora, en un solo movimiento, se deshizo de Elba Esther Gordillo, quien además de oponerse a la reforma educativa, tejía alianzas con el PAN para enfrentar al PRI en las elecciones estatales de este año. Fue una operación impecable en lo logístico —aunque está por verse si lo es en lo jurídico— que en vía de mientras tendrá a la dirigente del SNTE tras las rejas, por lo menos, lo que resta del sexenio si bien le va.

Pero, además, fue el golpe propagandístico; con la detención de la señora Gordillo, el presidente Peña prácticamente logró el aplauso unánime al linchar en la plaza pública a la villana favorita de la sociedad civil, los biempensantes, las izquierdas y las derechas, muchos de los cuales al mismo tiempo fueron beneficiarios de los favores y recursos de La Maestra.

Habrá ahora que ver cómo Peña administra esta inyección autoadministrada de inmenso poder.

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