26 de Septiembre de 2018

Opinión

Pérdida de lo universal

La pérdida de la universalidad de las universidades sería el reflejo de la pérdida de la universalidad del ser humano.

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Se realizó en España la segunda huelga universitaria convocada contra las reformas del Ministerio de Educación; según los convocantes, aproximadamente un 85% del personal apoyó el movimiento, los paristas se han manifestado contra un plan del gobierno al que le han dado el nombre de “decreto 3+2”, cuya intención es reducir los estudios de licenciatura a tres años y las maestrías establecerlas en dos años. 

Se disminuyen los tiempos de estudios y con ello los contenidos, el acceso a las maestrías resultará más caro, aseguran que todo es un intento de ir entregando la educación pública al sector privado y restringiendo el acceso a la educación universitaria.  

Universidad es un término que deriva del latín universitas, que a su vez proviene del sustantivo universus, que se puede entender como lo universal, por eso, en sus inicios, se volcó a todas las áreas del saber humano. 

La universidad tal como la conocemos surgió de la cristiandad, la Iglesia Católica impulsó su formación y en la época medieval tenía como finalidad otorgar grados académicos reconocidos a los que en ellas estudiaran; con el paso de los siglos la universidad ha evolucionado de muy diversas maneras y no siempre para bien.

Viviendo en una sociedad global a la que le es indispensable generar producción y consumo para poder sostenerse, la misión de las universidades en parte se ha perdido, cada vez más genera una gran cauda de conocimiento técnico y científico que se utiliza para crear cada vez mayor cantidad de satisfactores materiales para los seres humanos, ahora los intereses de las empresas y grandes corporaciones guían y determinan  el funcionamiento de un gran número de universidades, se ha ido abandonando paulatinamente la misión de universalidad por privilegiar lo útil y lo que genere producción, consumo y ganancia; la universidad es cada vez menos el lugar donde el ser humano reflexiona y aprende sobre el mundo, la realidad y él mismo.  

Con la mirada dirigida a la producción y el consumo, queda muy poco espacio para carreras como Historia del Arte, Filosofía, Literatura, Teología, Bellas Artes, Lingüística; incluso carreras como Sociología, Antropología, Etnografía, Zoología y Arqueología cada vez son más escasas, especialmente en las universidades privadas, simplemente porque no son lo suficientemente útiles para el ámbito empresarial; las universidades están cada vez menos al servicio del ser humano en su totalidad y cada vez más sirven a los intereses de la restringida visión del hombre que tienen las empresas.

Esta visión castrante de la realidad humana se cuela en nuestro día a día y en nuestra realidad, tanto que en muchas ocasiones la hacemos nuestra considerándola ya natural y adecuada; así marcha el ser humano por el mundo de hoy infinitamente más preocupado por lo útil y lo material y teniendo en un franco subdesarrollo su realidad espiritual, abandonando la sensibilidad ante el arte, olvidando la validez y riqueza del mundo emocional, ajeno a la importancia de la reflexión del hombre sobre el hombre mismo, indiferente a Dios, la naturaleza y el planeta que lo acuna.

Firmemente obstinados en la construcción de un mundo rebosante de beneficios materiales y creando endiabladamente todo tipo de satisfactores que antes no lo eran y ahora nos resultan indispensables, sin darnos cuenta de que en el proceso renunciamos a lo que somos, acabamos renegando de nuestra esencia y en una estúpida autocastración nos rebajamos a nosotros mismos, reduciendo al ser humano a un ente productivo, económico y de consumo.

Para colmo de males nos sentimos orgullosos de nuestro “progreso” y nuestra “modernidad”, cuando en realidad estamos lanzados a un proceso de masificación, cosificación y reduccionismo de lo que es ser en realidad un ser humano.

Dicen que las cosas se parecen a sus dueños y, de ser esto cierto, la pérdida de la universalidad de las universidades sería el reflejo de la pérdida de la universalidad del ser humano; es urgente y necesario que nos recordemos a nosotros mismos que el ser humano es más que su trabajo, es mucho más que lo que produce e infinitamente más que lo que consume.

Que el ser humano es materia es verdad, pero también es sentimiento, mente y alma; abramos los ojos a la riqueza humana en todos sus aspectos y rescatemos para nosotros y para todos los que nos rodean a ese glorioso ser humano universal, pleno, diverso y multifacético que en el camino hemos extraviado.

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