16 de Octubre de 2018

Opinión

Los perros y el mar

Los humanos nos enorgullecemos porque salvamos la vida de los animales, pero olvidamos que ellos también pueden salvarnos muchas veces.

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Hace unos meses fui con unos amigos a Chuburná Puerto. Recién llegamos a la playa y dos perros corrieron a nuestro encuentro, nos quedamos paralizados por temor a que nos mordieran.

Cuando nos alcanzaron, saltaban ansiosamente, miraban hacia un lugar en la playa, uno de ellos se echó a correr y el otro se quedó a nuestro lado.

El que se echó a correr volteaba a ver si lo seguíamos y el otro nos custodiaba como cuidando que no regresáramos.

Caminamos hacia donde nos guiaban y vimos una mujer desmayada a la orilla del mar; parecía que la habían golpeado, los perros ladraban pidiendo ayuda, dudamos en moverla, ya se sabe que no se debe mover a los heridos, ella abrió los ojos y estiró los brazos, la levantamos, era una norteamericana que no hablaba español, yo hablo inglés y entendí que quería que la lleváramos a su casa.

Lloraba, se quejaba de dolor, insistí en llevarla al hospital y llamar a la policía -pensaba que la habían asaltado-, pero ella se negaba e insistía en que estaba bien.

Llegamos a su casa, nos pidió ayudarle a tomar sus medicinas, le pregunté qué tenía y respondió: “Breast cancer” -cáncer de seno- y rompió a llorar, los perros se acurrucaron a sus pies.

Ella se doblaba de dolor, insistí en el hospital, repitió que no, que con su medicina estaría bien. Le dije que no tenía por qué estar sola en un trance como ese, que pidiera ayuda. 

Nos quedamos un rato acompañándola, mudos y torpes ante la sentencia de algo tan doloroso y mortal como el cáncer.

Después de largo rato, la medicina hizo efecto y ella se recostó en su cuarto, salimos de la casa, un pescador  vigilaba desde afuera.

Cerramos la puerta y regresamos al mar. Nos pareció haber vivido un suceso extraordinario; esos perros salvaron la vida de su ama, de no ser por ellos no la hubiéramos visto ni le hubiéramos ayudado.

Caminamos en silencio, pensando en lo frustrante que es no saber ayudar más a un enfermo. Nos sentamos a mirar el mar, y toda la energía viva que desprende.

Pienso en esos perros, en tantas campañas que hay ahora para protegerlos, rescatarlos y cuidarlos. En gente que es criticada de obsesiva porque les salva la vida y en gente que usa ese movimiento como pretexto y tiene hacinados hasta cinco perros en el patio de su casa sin darles el cuidado adecuado.

Los humanos nos enorgullecemos porque salvamos la vida de los animales, pero olvidamos que ellos también pueden salvarnos muchas veces. Va mi nota para los que brindan buen techo, comida y amor a sus mascotas.

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