23 de Octubre de 2018

Opinión

Personalidad atrayente

Para tener una personalidad atrayente y seductora es indispensable esforzarse en tomar en cuenta a los demás, pensar en ellos y no centrarse sólo en uno mismo.

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El conquistador más grande es el que vence sin herir a nadie.-  Proverbio chino    

Para tener una personalidad atrayente y seductora es indispensable esforzarse en tomar en cuenta a los demás, pensar en ellos y no centrarse sólo en uno mismo. 

Un elemento relevante en la personalidad seductora es la delicadeza. Esto es, el respeto hacia ideales, opiniones, intereses y aspiraciones de otras personas. Es una cualidad con un alto sentido de humanismo. La delicadeza no se puede aprender como se aprende la gramática de un idioma o el cálculo infinitesimal, pero sí se puede asimilar e incorporar  a la personalidad poco a poco, al tener siempre presente saber escuchar y respetar. 

La delicadeza es muy importante, incluso en el mundo de los negocios, porque, si falta, provoca fracasos y pérdida de oportunidades, no por incompetencia laboral, sino por falta de esa cualidad que es una fortaleza, un poder que tiene quien comprende y ofrece atención inteligente, desinteresada y que sabe apreciar los logros ajenos. 

Cuántas veces al volver a casa, después de una tertulia, nos sentimos aturdidos por las críticas lanzadas contra personas e instituciones: “Todo está mal organizado”, “todo va muy mal”, “quién sabe qué va a pasar…”, etc. Es bueno y saludable que personas competentes formulen críticas constructivas para estimular el proceso de saneamiento y mejora en la sociedad, mas no se vale hablar por hablar sin saber a fondo del asunto. Hay que proponer acciones para mejorar lo que va mal, conservar la esperanza y con empeño decidido avanzar para no permanecer en el pesimismo. 

Es bueno formarnos el hábito de encontrar, al menos, algún aspecto positivo. 

Las personalidades con sentido de humanismo no se detienen en lo que está mal actualmente, sino más bien  generan ideas para que funcionen mejor los sistemas e instituciones y así restaurar el tejido social y el bienestar  de nuestro país.  

Si tomamos consciencia de lo inútil y maligna que es la crítica destructiva le daremos un giro radical a nuestras actitudes  y nos volveremos expertos en el arte de la apreciación sin caer en la adulación; lograremos una personalidad atrayente y constructiva al expresar algo bueno de  las personas así como de las diversas instituciones públicas y privadas. 

Todos vamos en el mismo barco y no queremos naufragar, sino llegar al destino anhelado.  

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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