17 de Octubre de 2018

Opinión

Perversidad legislativa electoral

En el contexto nacional y estatal, es frecuente observar la reforma como la panacea de la democracia sin que ésta se haya instaurado o instalado en la geografía demográfica-social mexicana...

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En el contexto nacional y estatal, es frecuente observar la reforma como la panacea de la democracia sin que ésta se haya instaurado o instalado en la geografía demográfica-social mexicana.

Las leyes de la materia, que prometen cambiar para beneficiar a los ciudadanos, son una falacia eterna, puesto que la reforma se produce para beneficiar a los partidos hegemónicos y los círculos del poder hereditario y de permanencia en una reelección simulada.

La reflexión se refiere a la negativa de dar verdadero valor a las figuras democráticas: consulta popular, segundas vueltas en base a la legitimación con el 50% más uno de los votos válidos emitidos en las urnas y sin coacción o condicionamiento del sufragio ¿compra o cohecho?; evitar la continuidad de las coaliciones para sostener parásitos de instituciones patito que mantienen una carga onerosa de recursos materiales, económicos y humanos; la reelección universal que sostenga la base de buen desempeño de los cargos públicos.

La perversidad abarca la educación política de la ciudadanía para conocer sus derechos y obligaciones, así como difundir los actos de endeudamiento de la nación y de sus Estados y municipios; sobre todo, de los gobiernos que suelen contratar deuda pública poco antes de concluir sus ejercicios gubernamentales, en contubernio con los Congresos que provocan crisis económicas.

Se cacarea lo irracional haciendo declaraciones grandilocuentes por nada, se violan derechos fundamentales como la privacidad de la comunicación con intervenciones telefónicas; el derecho a la información con persecuciones, agresiones a familiares y despidos laborales injustificados; se privilegia la propaganda del poder ejecutivo porque el Legislativo y Judicial están sujetos al presupuesto que respeta o restringe el recaudador.

El mexicano simplemente espera que los períodos constitucionales terminen con la esperanza de que la situación mejore, pero eso no va a suceder por lo siguiente: las reformas estructurales para el desarrollo del pueblo, los combustóleos más baratos, empleos justamente remunerados y la educación gratuita y laica son promesas de campaña que no se verán en el ejercicio gubernamental y que en la búsqueda del financiamiento el sistema impositivo mantiene secuestrados y amenazados a los ciudadanos con actividades económicas o empresariales.

La doble tributación es un hecho, y como ejemplo una operación común: cuando alguien compra una casa o automóvil, paga impuestos (IVA e ISR), y cuando los venda nuevamente le cobrarán los mismos impuestos so pena de multas o sanciones si los deposita en una institución bancaria.

¡Al tiempo!

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