21 de Septiembre de 2018

Opinión

“Pestañeo” a la realidad

El asombro enmudece, cuando se reafirma el horror de la violencia y, sobre todo, cuando ésta proviene de elementos del Estado político...

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El asombro enmudece, cuando se reafirma el horror de la violencia y, sobre todo,  cuando ésta proviene de elementos del Estado político, recrudeciendo expectativas, señalando muchas cosas que no están en su sitio y mostrando la cara de un país en descomposición, volviéndonos a la realidad, la brutalidad del dolor y la desesperación que invitan al hartazgo. 

Es incomprensible e intolerante seguir soportando hechos lamentables, como los crímenes de Tlatlaya en el Estado de México, de civiles rematados por militares, aplicándoles el poder abusivo y después, la masacre de jóvenes estudiantes de Ayotzinapa, Guerrero, por policías municipales coludidos con delincuentes, en aquella olvidada zona marginal del país, donde la violencia –desde hace mucho- se salió del control de la autoridad con su propia participación en los hechos.

México, acumula el remanente de actos de abuso de autoridad en reiteradas ocasiones. Una corrupción en el gobierno de magnitud incontrolable. Funcionarios del sector público que cumplen cabalmente con la omisión e incapacidad, en resolver  problemas. La inseguridad en Tamaulipas, Michoacán, Morelos, Distrito Federal, Veracruz y Guerrero, mientras en las entidades restantes las estadísticas crecen paulatinamente, por el aumento de crímenes. 

La situación económica insiste en su propia estatización, marcada en el tiempo que lleva la actual administración de Enrique Peña Nieto. Una educación que convierte el despertar estudiantil universitario, en una rebeldía que ha descubierto cuando pretenden hacerlos robots del “desarrollo” futuro. Mientras, ante los ojos del pueblo, la familia presidencial insiste en obtener costosísimos lujos aéreos. En todo ello la percepción es la de una administración gubernamental, que cada día se divorcia de la realidad.

La clase política atraviesa por un tiempo contradictorio y difícil. Partidos políticos que  extraviaron el rumbo y la génesis ideológica que les dio sustento y vida funcional. Un poder Legislativo que comercializa sus votos para legitimar leyes reformadoras con tintes entreguistas y benéficos para el mercado internacional en un futuro próximo. Gobernadores en las entidades que practican cacicazgos en sus respectivos estados, haciendo del abuso de poder, su coto de impunidad “legal”, y del derroche, un disparate, ante la evidencia de un pueblo pobre que se aprieta el cinturón de la austeridad. No es de dudar que algunos estén coludidos con la violencia organizada. 

Hoy México camina con paso nervioso, donde hay peligro de derrumbe. Son tiempos en que bosteza el despertar del “México bronco”. La historia, nos dicta que los pueblos tardan en despertar de su marasmo social, pero ¡cuidado!, una falta de cálculo a la falta de respuesta para la solución de estos problemas nacionales, y puede derivar en una contradicción, que haga eructar el volcán de la inconformidad con resultados negativos. Ojala y me equivoque.

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