21 de Noviembre de 2018

Opinión

Política de aire

Existen funcionarios públicos que utilizan su posición para realizar proselitismo de manera descarada, sin cumplir de manera cabal sus funciones.

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En estos tiempos de inquietud política, donde más de 12 han levantado la mano para externar sus intenciones de ser candidatos, resulta oportuno destacar lo expresado por Manlio Fabio Beltrones en una entrevista por televisión, cuando se le inquirió sobre el nombramiento de los candidatos que contendrán por su partido: -no se trata sólo de buscar buenos candidatos, se trata de postular a candidatos que garanticen la gobernabilidad, que sean capaces de gobernar, de otorgarle un buen gobierno a la sociedad.

Porque justamente una gran parte de la sociedad se manifiesta ahora decepcionada de la política, de los partidos políticos y sus candidatos, lo que se supone que le daría ventaja a los candidatos independientes, si éstos a su vez, como el “Bronco”, no terminan decepcionando a sus electores incumpliendo sus promesas de campaña.

Porque a pesar de que quedaron ya muy lejos los días del partido único, cuando bastaba ser postulado para estar seguro de ocupar el cargo de elección popular, sea de carácter ejecutivo o legislativo, todavía prevalecen las antiguas formas para escalar en la carrera política, de tal manera que para muchos políticos, una vez que resultan electos, su principal preocupación es cómo hacer para asegurar otro puesto, superior si se puede, en las siguientes elecciones, olvidándose de cumplir el trabajo que la sociedad les encomendó.

Descuidando así entregarle buenos resultados a la gente. Incluso existen funcionarios públicos que utilizan su posición para realizar proselitismo de manera descarada, pero no cumpliendo de manera cabal sus funciones, sino a través de conciliábulos con las élites de los partidos y utilizando los medios de comunicación para hacerse una personalísima campaña.

Lo que ha obligado a los partidos y organizaciones políticas, salvo  Morena, donde el nombramiento de los candidatos resulta al parecer facultad exclusiva de quien lo preside, a establecer procedimientos más o menos democráticos que van desde las asambleas internas hasta la elección directa por parte de los militantes del partido y, en algunos casos, con la participación abierta de la sociedad.

Ello no impide que los presuntos aspirantes, en lugar de contar con la preparación y el conocimiento necesarios para gobernar, se inclinen por llevar al cabo una política de aire, donde el conocimiento de los problemas, de las inquietudes y los objetivos de la gente intenta ser sustituido por una encuestita de opinión y el contacto con los ciudadanos  pretende ser suplido por apariciones en los diversos medios de comunicación.

En la “selección” de ese tipo de candidatos puede estar, en mi opinión, la causa del descrédito y la decepción del “arte de hacer posible lo deseable”: la política.

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