23 de Octubre de 2018

Opinión

Por azares del destino

Quizá 2,800 caracteres no puedan transmitirles todo lo que siento por este país, pero tratare de resumirles lo que me ocupa y preocupa en estos tiempos...

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Quizá 2,800 caracteres no puedan transmitirles todo lo que siento por este país, pero tratare de resumirles lo que me ocupa y preocupa en estos tiempos donde son visibles las divisiones sociales y donde los problemas de todo tipo que van desde educación hasta la seguridad son de interés general. Desde que tengo uso de razón mi familia se ha dedicado a enseñarme que debo valorar la tierra que nos ha dado de comer, que nos ha dado trabajo y que nos ha permitido con buenas y malas rachas seguir adelante. 

Hace muchos años por razones de la vida mi padre accidentalmente atropello a una señora con su bebe y como debe de ser en estos casos la justicia hizo lo propio, experiencia que hoy nos comparte como “una historia”. No eran los mejores tiempos pues él estudiaba, mi mamá tenía a su cargo dos pequeñas menores de 6 años que demandaban  alimento y los cuidados de la infancia. Eso fue para ambos una situación que les marco la vida, pero que aprendieron que ante cualquier escenario se tenían el uno con el otro para apoyarse. 

Después me entere que para que mi papá pudiera estudiar tenía que cantar en los camiones, vender obleas, gelatinas y semillas que era la forma más fácil de poder contribuir en casa para mantener a 7 hermanos más. Lo cual como segundo escenario tampoco fue fácil para él y sin embargo ahí estaba su fortaleza. 

Todas y cada una de las anécdotas  que hoy conozco son parte de mi formación como persona, experiencias compartidas por un solo ejemplo de familia, la que tengo y que es un privilegio pertenecer. Hoy que escucho tantas historias me doy cuenta que unas con otras coinciden pero que detrás de cada terrible situación siempre hay esperanza, personas con espíritus de superación, fortaleza de lucha y pasión por la vida. 

Esto es lo más difícil de conservar cuando los escenarios de marchas, violencia, abusos entre otros quieren destacar en la primera plana de nuestras vidas. Sin embargo me gustaría reflexionar que aunque para todo un país es un momento complejo en estructura, no debemos olvidar que el trabajo que cada uno tiene tendrá repercusiones en las generaciones o simplemente en este momento influye en la vida de alguien. 

No vengo a dar sermones, ni a ponerme en el lugar o situación de nadie, sólo comparto que aunque en este momento a todo México le corresponde unirse como ciudadanos, también nos corresponde sumarnos a las buenas voluntades, a cambiar nuestras ideas de sólo criticar y no hacer nada, a ponernos a realmente a trabajar y no dejar de hacerlo; porque finalmente quienes sabemos que este será el país en el que deseamos morir nos duele verlo destruirse día a día. 

Aprendamos de las lecciones que nos da la vida, aconsejémonos de quienes han vivido experiencias similares, ayudemos de corazón a quien más lo necesita. Pocas veces al año podemos dar tanto como lo es Diciembre, lleno de fechas especiales que pueden regalarle una sonrisa a un niño y devolverle a su imaginación una señal de que estamos construyendo un sitio lleno de costumbres, raíces, amor por la patria y el civismo que tanto nos hace falta. 

Ojalá les haya transmitido un poco de la sensibilidad que puede tener una mexicana, que no duda en que somos más los que queremos estar bien, luchar por nuestros ideales y trabajar, porque está es una razón poderosa para sacar delante de difíciles situaciones pero que no pueden dejar de cegarnos, porque siempre alguien depende de nosotros. 

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