18 de Septiembre de 2018

Opinión

¿Por qué la violencia en contra de las mujeres?

La discriminación contra la mujer viola los principios de la igualdad y del respeto de la dignidad humana.

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La respuesta a la pregunta que encabeza este trabajo pudo ser motivo de risa el pasado 10 de mayo, cuando todos le rendimos pleitesía a la reina del hogar. Abrazos. Besos, regalos etc. ESE día. ¿Y después…?

Vuelven a aparecer los fantasmas –fantasmas perfectamente visibles- de la discriminación contra la mujer por razones de matrimonio o maternidad y la negación de su derecho a trabajar. Por sólo hablar de algunas cosas, ¿Y la violencia que sufren las mujeres en el seno del hogar, que es donde deberían de ser más amadas y protegidas cada segundo de los 365 días que tiene cada año, amén de los bisiestos? Si eso pasa en los hogares, ¿qué sucederá fuera de ellos?

Apelemos a nuestra dignidad de seres humanos y cumplámosle al sector femenino, que hoy por hoy tiene que sufrir a manos de los varones malos tratos y discriminación, y en ocasiones de otra mujer.
México ha suscrito tratados internacionales para la defensa y observancia de los Derechos Humanos, entre ellos la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y madre trabajadora. Luego de esa firma ese Convenio ha sido ratificado por el Senado de la República.

La discriminación contra la mujer viola los principios de la igualdad y del respeto de la dignidad humana, además constituye un obstáculo para desarrollo del bienestar de la sociedad y de la familia. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo en el cuarto trimestre de 2012, en Yucatán habían 260,093 madres económicamente activas, quienes representan 47.2% del total de la población femenina de 14 años y más con hijos. 

Del total de madres que intervienen en la producción de bienes y prestaciones de servicios destinados al mercado o pretenden hacerlo, 15.9% tienen entre 14 a 29 años de edad, 57.6% entre 30 y 49, y 26.5% son madres de 50 años y más. Las madres con educación media superior y superior son las que mayor oportunidad de empleo tienen, con una tasa de participación económica de 63.1%, en contraste con las que no terminaron la primaria, 35.3 por ciento. 

De acuerdo a la situación conyugal, las madres solteras se agregan con mayor frecuencia en el mercado laboral (74.8%), seguidas por las casadas o unidas libremente (45.7%) y por último las separadas, divorciadas y viudas con 45.1 por ciento. 

Esas cifras señalan el alto porcentaje de las mujeres en el campo laboral, por lo que resulta indispensable fortalecer las políticas públicas que garanticen sus derechos señalados en la legislación internacional de la que México es parte. Recordó que de acuerdo al Comité para la eliminación de la discriminación contra la mujer, CEDAW, organismo de la ONU, los Estados deberán garantizar a la mujer servicios apropiados en relación con el embarazo, el parto y el período posterior al parto, proporcionando prestaciones gratuitas cuando fuere necesario, y le asegurarán una nutrición adecuada durante el embarazo y la lactancia. 

Así como poner a la mujer, en condiciones de igualdad con los hombres, los mismos derechos, en particular al trabajo como un bien inalienable de todo ser humano. 

En la lucha que no debemos desmayar están: impedir la discriminación contra la mujer por razones de matrimonio o maternidad y asegurar la efectividad de su derecho a trabajar. Por lo que se deberán prohibir, bajo pena de sanciones, el despido por motivo de embarazo o licencia de maternidad y la discriminación en los despidos sobre la base del estado civil. 

Todos los que integramos nuestra sociedad, pero especialmente los empresarios y patrones debemos respetar los derechos de las mujeres y madres, a fin de que puedan desarrollarse profesionalmente sin ser discriminadas por su condición.

Mucha tarea tenemos pendiente para que las mujeres vean refulgir sus Derechos Humanos plenamente en el seno de nuestra sociedad, pero creo que esa tarea en beneficio de ellas debemos de iniciarla primero en nuestros hogares, en donde cada día y no sólo cada 10 de mayo honremos a quienes han dado vida, perpetuando así la especie humana y a las que en su tiempo serán amigas, esposas y madres, así como fuente inagotable de ternura, amor y comprensión dentro de un mundo mejor. ¿Es mucho pedir?

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