21 de Septiembre de 2018

Opinión

¿Por qué se va el Papa?

Nunca había renunciado un obispo de Roma, de hecho es inédito, aunque se remonten a la de Gregorio XII.

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A veces es un error aprender de los errores. Florestán

 

Esta es la pregunta que siguió al sorpresivo anuncio de Benedicto XVI de su renuncia y el fin de su pontificado a partir del próximo jueves 28 a las ocho de la noche, cuando se deberá declarar Sede Vacante y llamar a cónclave para elegir sucesor.

Nunca había renunciado un obispo de Roma, de hecho es inédito, aunque se remonten a la de Gregorio XII, en 1415, tras el Cisma de Occidente cuando con el llamado Papa de Roma convivieron otros dos: Benedicto XIII, el Papa de Avignon, y Juan XVIII, el anti-Papa, a los que el emperador del Sacro Imperio, Segismundo I, ordenó renunciar y a lo que solo obedeció Gregorio XII.

Ayer, siete siglos después, Benedicto XVI, cumpliendo los requisitos del derecho canónico, marcadamente el hacerlo sin presiones, por eso subrayó que lo hacía con plena libertad, anunció Urbi et orbi su renuncia cuando estaba por cumplir ocho años de pontificado, lo que cuando lo eligieron el 19 de abril de 2005 se veía inalcanzable, con 85 años de edad y problemas de salud que, como es su costumbre, la Santa Sede nunca comenta.

El tema del retiro lo había tocado en 2010, durante la entrevista que le hizo el periodista alemán Peter Seewald y que publicó en el libro Luz del mundo, cuando le pregunta: ¿Ha pensado usted en renunciar? Y le responde:

Si el peligro es grande, no se debe huir de él. Por eso, ciertamente, no es el momento de renunciar. Justamente en un momento como éste, hay que permanecer firme y arrostrar la situación difícil. Esa es mi concepción. Se puede renunciar en un momento sereno o cuando ya no se puede más. Pero no se puede huir del peligro y decir: que lo haga otro.

—¿Puede pensarse en una situación en la que usted considere apropiada una renuncia del Papa? —le repreguntó.

—Sí —le respondió sin dudar—. Si el Papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber de renunciar.

¿En cuál de sus supuestos encaja entonces su renuncia: por el momento sereno, que la Iglesia sin duda no cruza en este momento, o por no poder más con el encargo por razones de salud, como parece indicar?

La respuesta a por qué se va, la darán el tiempo y el nombre de su sucesor.

RETAL

SUSPENSIÓN. Hoy en la Cámara de Diputados, la mayoría priista, con los votos que necesite de otros partidos, aprobará las reformas a la Ley de Amparo, tal y como por unanimidad las mandó el Senado, eliminando la suspensión automática en juicios de amparo a las instituciones financieras y a todos los concesionarios de Bienes del Dominio Público. El veto empresarial no alcanzó para pararla.

Nos vemos mañana, pero en privado.

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