20 de Octubre de 2018

Opinión

Por una planeación estratégica

En el siglo pasado, una crisis industrial en ciudades importantes obligó a utilizar la planeación estratégica en el modelo de desarrollo; ya es hora de que Mérida lo haga.

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La aplicación de la planeación estratégica en la definición del modelo de desarrollo de las ciudades ocurre a nivel internacional por diferentes motivos.

El primero es la crisis industrial de finales de los años 70 del siglo pasado, a la que se enfrentaron ciudades como Turín, Lyon, Manchester, Glasgow, Barcelona y Bilbao.

Esta crisis obligó a buscar nuevas formas de gobierno con una actitud más emprendedora y participativa, pensando en el desarrollo económico, el urbano y, especialmente, en el bienestar; otro fue la crisis de la planeación tradicional, sobre todo la urbana, en la que la progresiva desregulación es la nota dominante.

En un mundo cambiante, cuanta más información aporten las partes que coinciden y conviven en los procesos de desarrollo y más consensuadas sean las decisiones en torno a lo que debe hacerse, mayores probabilidades de éxito existirán.

Por esta razón, es realmente importante saber escuchar, compartir las opiniones en torno al futuro común y las responsabilidades que todos quienes vivimos en la ciudad debemos asumir.

Este cambio en la planeación fue favorecido por la Cumbre de Río, hace ya 20 años, por el acuerdo de aplicación de las Agendas 21 locales, que permitió reforzar la introducción de la metodología de la planeación estratégica en la definición y reforzamiento de los nuevos modelos locales de gobernanza, en el marco de la sostenibilidad.

El elemento más importante de los nuevos planes es la participación de la sociedad en la definición de los modelos de revitalización económica, de mejora continua de la calidad de vida, de coordinación de los procesos de desarrollo y en la consolidación de la colaboración público-privada.

Aunque la mayoría se centran en un municipio, existen planes metropolitanos, que van más despacio, y regionales, que van cobrando mayor importancia. La planeación estratégica debe ser un instrumento de gestión del desarrollo que supere los límites administrativos, que experimente nuevas formas de cooperación.

Las ciudades y regiones deben consolidar agrupaciones (patronatos, fundaciones, asociaciones) con intereses compartidos, que permitan alcanzar grandes objetivos, definidos por todos, inalcanzables de otra manera.

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