23 de Septiembre de 2018

Opinión

PRD, ciudad abierta

No es que el PRD no sea inmune a los delincuentes. Es que su forma de designar candidatos y dar poder en general son terreno óptimo para aquéllos.

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Las declaraciones de Carlos Navarrete, presidente nacional del PRD, hechas durante la semana, no tienen desperdicio. Tomo sólo una de sus partes más suculentas; la que se refiere a la responsabilidad de ese partido en la postulación de José Luis Abarca en Iguala y a los riegos del PRD de postular a otros delincuentes.

Dice Navarrete: “Uno conoce cientos de candidatos [...]. Uno NUNCA sabe los antecedentes de un candidato NI NADA POR EL ESTILO [...]. Uno los conoce ahí en el presidium”.

Sobre esa base, no puede extrañar que inmediatamente niegue la responsabilidad de su partido en la postulación de Abarca porque: a) también lo postularon el PT y MC, b) todos los partidos corren ese riesgo (“A cualquiera le pasa”), c) cuando se le postuló nadie lo acusaba de nada y d) “Caras vemos, delincuentes no conocemos”.

Lo primero que llama la atención es que Navarrete trata un asunto de partido como si se tratara de la responsabilidad individual de su presidente, y no de una responsabilidad institucional por la que él debe dar  cuenta. Porque, en efecto, un partido tiene la absoluta obligación de conocer a quienes postula y los antecedentes de todos, para poder responder por ellos a la sociedad a la que le propone darles poder. Argumentar la incapacidad de una persona de realizar esa tarea, más que una mala excusa, es un alarmante signo de cómo se conciben y, especialmente, funcionan las cosas en el PRD: cada quien se mueve por su cuenta. No hay partido, y en consecuencia, no hay responsabilidades institucionales.

Pero el problema es aún más grave. No es que el PRD no sea inmune a los delincuentes. Es que su forma de designar candidatos y dar poder en general son terreno óptimo para aquéllos. En la práctica, no es que no haya acusaciones contra personajes como el ya referido al momento de postularlos, es que esas acusaciones son invariablemente desestimadas si el aspirante es popular o tiene dinero. Lo sé porque en no pocas ocasiones las más documentadas denuncias por mí presentadas siguieron invariablemente ese camino. No se trata de excepciones, sino del funcionamiento sistemático del partido. Lo único que importa es ganar. Con quien sea. Se vive en cada elección.

En términos bélicos, las candidaturas del PRD son ciudad abierta, plaza rendida sin resistencia a delincuentes del más diverso tipo.

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