20 de Mayo de 2018

Opinión

Premios nacionales

Es de aplaudir, primero, que Roger Bartra sea uno de los Premios Nacionales y, también, que haya hablado en nombre de los premiados.

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Diálogos de la primera y la última escenas de “La otra cara (U láak’ táanich)”, práctica escénica creada en colectivo por jóvenes mayas del que termina su gira-temporada hoy, en Tapanco Centro Cultural.

Si algo necesita México es reflexionar. Esto es, concentrarse sobre sí mismo. Ya lo hemos hecho en otros momentos de la historia, pero hoy se ha vuelto urgente el bajar la voz un momento y dejar el grito destemplado, la consigna fácil o las tácticas del mayoriteo para repensarnos. Y si algo ha hecho Roger Bartra a lo largo de su vida como académico y como ensayista ha sido bajar el tono de la voz y reflexionar más allá de cualquier consigna.

Incluso como crítico de consignas en su propio partido, el comunista. 

En un día de triunfo para el poder, Bartra, provocador intelectual por vocación, se lo dijo de frente al presidente de México: la relación entre el pensador y el poder saca chispas, pero es indispensable. Y es indispensable para que no ocurra precisamente lo de hoy, que “los impulsos reformistas han quedado cortos en algunos casos y en otros se han distorsionado”.  Sin embargo, más allá de los gritos y de los brindis, fue capaz de celebrar que lo reformado haya sido “fruto de acuerdos civilizados entre fuerzas de distinto signo ideológico”, aunque también fue capaz de ironizar: “Me temo que habrá que esperar otro periodo de reformas a las reformas”.

Es de aplaudir, primero, que Roger Bartra sea uno de los Premios Nacionales y, también, que haya hablado en nombre de los premiados. Ojalá muy pronto podamos leer íntegro su discurso.

Otro de los premiados es también ejemplo de reflexión y de audacia: Javier Álvarez. Se trata de uno de los compositores más respetados en el país y el extranjero. Luego de residir en Londres por más de dos décadas llegó a Mérida para ser el primer director de la Licenciatura en Música de la ESAY.

Tras un tiempo como director del Conservatorio de las Rosas ha vuelto a esta ciudad para continuar su trabajo en una música que trasciende fronteras, como ha señalado el compositor John Adams. 

No hay espacio para referirme a cada uno de los premiados. Sólo quiero destacar a dos más entre ellos. Carlos Martínez Assad, tan riguroso como pensador como capaz de la ironía más fina y, por lo tanto, abierto a la mayor diversidad de intereses como científico. Y un cineasta con una obra que se ha vuelto clásica: Paul Leduc.

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