20 de Septiembre de 2018

Opinión

Premoniciones rumbo al proceso 2018

Ante los cambios en el tren electoral por concluir el mandato presidencial en el 2018, además en el Congreso de la Unión, en el Senado de la República...

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Ante los cambios en el tren electoral por concluir el mandato presidencial en el 2018, además en el Congreso de la Unión, en el Senado de la República y en los once ayuntamientos de Quintana Roo, las primeras premoniciones están latentes desde el inicio de año.

El gobernador Carlos Joaquín fue capaz de cumplir el compromiso electoral para sacar al PRI de Palacio de Gobierno en el pasado proceso 2016; a pesar de haber sido unos meses en los que concurrieron varios factores para alejarlo de la aspiración de la candidatura del PRI a gobernador, se bajó del tren tricolor para subirse a la alianza auriazul y le quitó la corona al postulado contendor del partido de su primigenia política.

Fue un periodo en el cual la situación política en las elecciones de 2016, al término el Prep de la autoridad electoral dio el conteo final de la votación, la cual arrojó resultados adversos para el priismo local.

El mandatario estatal y su nuevo equipo saben que deben revalidar el efecto electoral en la arena política y ser reconocidos si logran nuevamente vencer a la maquinaria priista y aliados en la contienda electoral 2018. Así que desde este 2017 se preparan para tratar de ganar las elecciones venideras.

Tanto la alianza en el oficialismo, PAN-PRD, como la ristra de partidos, PRI, Verde, Panal, Morena y PES se encuentran en el inicio del camino del proceso electoral 2018, para tratar de ocupar espacios en la Cámara de Diputados y en el Senado y las 11 presidencias municipales. Será el futuro para sobrevivir de algunos políticamente, braceando a todo lo que dan para no hundirse al término del primer semestre del 2018.

Dentro de las primeras acciones del nuevo contertulio que se ha posesionado de la mayoría calificada y comandando la Gran Comisión del Congreso del Estado con diputados paniaguados y ujieres de los partidos, PAN, PRD, PRI, Verde, Panal, PES y el incluido diputado y nuevo millonario ex de Morena, Juan Ortiz Vallejo, expulsado del partido que comanda "El Peje" AMLO.

Sin embargo, debiendo dejar las bases para participar y tratar de ganar las elecciones de 2018, han tomado el camino equivocado desde el inicio de este año 2017 para buscar ganar los cuatro boletos para la Cámara de Diputados y dos al Senado, los partidos de marras ya preparan a quienes serán los postulados púgiles para la contienda electoral que se realizará a mediados del próximo año.

Verbigracia, debiendo dejar el cargo de presidente de la Gran Comisión el diputado plurinominal del PAN, Eduardo Martínez Arcila, el ex líder panista que se regodea de la magnificencia crematística que le otorga vivienda en el exclusivo fraccionamiento Andara, viajes semanales redondos a Cancún en avión, la compra de una lujosa camioneta para desplazarse en la ciudad y talonarios de vales de gasolina, más oneroso sueldo y bonos llamados dietas, todo ello a cargo del presupuesto del Poder Legislativo.

El mismo que le jugaría las contras a su par, por ahora aliado, diputado y líder estatal del PRD, Emiliano Ramos Hernández, quien también funge como presidente de la bancada perredista y presidente de la Comisión de Hacienda. Como buen magnate el diputado perredista usa en renta para su comodidad una camioneta Durango de lujo y un cúmulo de vales de gasolina mensuales con cargo al erario del parlamento local.

Los dos flamantes diputados van por la joya de la corona del estado: Cancún, para dirigir el ayuntamiento BJ y el paradisiaco municipio del Caribe Mexicano.

De seguir con la actitud de magnificencia, los dos serán repudiados por los virtuales electores y se verán desfavorecidos por el sufragio democrático. Se avista desde ahora la derrota de esos magnates diputados plurinominales.

Othón P. Blanco se yergue orgulloso

A pesar de los pesares se ha defendido el valor político –incluido el simbólico e histórico–, ahora con el triunfo de la alternancia que ha sido como un inclemente ataque de avispas al régimen priista. Y no hay ungüento para aliviar el ardor de los que antes se regodeaban en las artes de la política.

En el municipio capitalino, Othón P. Blanco ha sido la consagración del triunfo de Luis Torres Llanes, más allá de toda duda de la mayoría de lo que fue del PRI, ahora toca una nueva era para levantar al alicaído bailío capitalino. El más sufrido del mapa quintanarroense, que históricamente ha emergido orgulloso de los embates de destrucción.

Con alusiones al pasado, circunloquios, eufemismos e indirectas, se llegó al estado más álgido por la mala conducción de la comuna capitalina, lo que conllevó a la democracia con la exigencia, de forma perentoria con el voto, a entregar el municipio sureño a quien lo conducirá con dedicación, empeño y honestidad.

Fundamentado en un análisis introspectivo desde la propia elección del gobernador, Carlos Joaquín González, y al presidente municipal, Luis Torres Llanes, para establecer un poder constituyente que hará resurgir un formato de alternancia para conducir al nuevo sur naciente.

Antes no se hubo hecho eco en el bailío sureño por su desatención en la etapa florida del priismo. Azas, el municipio capitalino siguió con su momento crítico convirtiéndose en un armamento electoral letal y útil para una comunidad exhausta de oír promesas, por lo que se hizo a un lado el espejismo del priismo que se diluía entre las urgencias cotidianas en la titilación de la esperanza al desengaño.

Así se llegó a la alternancia por varias razones –dos en mención–. La primera, que la oferta electoral con Luis Torres Llanes, tan entusiasta que fue su elección y tan abrazada por los electores chetumaleños y de las zonas conurbadas, limítrofes y rurales, la democracia cumplió su cometido para dar paso a un urgente cambio a lo que duró por más de cuatro décadas.

La segunda fue el desmedido saqueo a las arcas municipales de unos cuantos en detrimento de la mayoría de los othonenses de la ciudad y del campo, con menor atención en los servicios públicos municipales, falta de bacheo para la reparación de calles y caminos rurales. Recolección de basura, la falta de un transporte urbano digno y de jardinería que realzara la imagen urbana de la ciudad capital quintanarroense.

Fueron necesarias esas fuerzas de la democracia en una interacción electoral decisiva para el cambio con el imparable sufragio ciudadano, Vox populi, Vox Dei, a pecho henchido de orgullo de los electores othonpeblanquenses, donde el triunfo fue para darle paso a la alternancia con la esperanza del cambio.

Para lograr una fuerza de la magnitud requerida, hubo una condición irremplazable, una dirección democrática para un fin común, con una estrategia planteada para lograr un objetivo compartido de bienestar y progreso.

El que vive los intríngulis de la situación de OPB, sabe que las diferencias de atención de ahora no son como lo fueron con los regímenes priistas, sino que fue más singular la elección, enfrentando a dos figuras a vencer: la ambición desmedida y el abandono.

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