19 de Octubre de 2018

Opinión

Presidente de minoría

Trump enfrenta un rechazo mucho mayor que el de Bush II, que se expresa en acres protestas populares...

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Trump ganó las elecciones con un millón trecientos mil votos menos que Hillary Clinton. Esto, imposible una democracia plena, es el resultado del precario sistema electoral norteamericano, en el que el votante no elige al presidente, sino a miembros de un Colegio Electoral que es el que lo hace. Cada estado tiene un número de estos electores aproximadamente proporcional al tamaño de su población, pero quien gana en cada entidad obtiene todos los electores, sin importar si ganó por un pequeño margen o por amplia mayoría. No es la primera vez que esto ocurre en tiempos recientes. En 2000, con el fraude electoral de Florida, Bush II obtuvo mayoría en el Colegio con menos votos que Al Gore. No se trata de un detalle que preocupe nada más a los puristas de la democracia, sino de un gran problema político.

Tras hacerse de la presidencia, Bush II vio su minoritaria popularidad ir disminuyendo, como resultado natural de políticas sin consenso social amplio y de sus notables limitaciones personales. La solución la encontró en hacer la guerra en Afganistán e Irak. Apelando al belicismo general, que en los E.U. no conoce fronteras de partido (basta recordar que el premio Nobel de la Paz Barack Obama mantuvo el envío de soldados a Afganistán y la ilegal cárcel de Guantánamo, amén de organizar la guerra en Siria), el republicano logró ampliar su base social y ganar la reelección sin mayor dificultad.

Trump enfrenta un rechazo mucho mayor que el de Bush II, que se expresa en acres protestas populares y en fenómenos sin precedente reciente, como la amenaza de California de separarse de los E.U., o la declaración de ciudades santuario para inmigrantes en diversos puntos del país. En la medida en que este individuo no sólo tiene la preocupación de lograr consenso para su gobierno, sino que está desde ya en campaña para su reelección en 2020, no es razonable esperar otra cosa que medidas brutales que lo fortalezcan políticamente.

México se verá afectado económicamente por diversas medidas restrictivas a sus exportaciones a E.U. que el nuevo presidente podrá implementar incluso antes de modificar o abandonar el TLC. El muro fronterizo empezará a construirse el día mismo de su toma de posesión, pues ya está aprobado en varios tramos, y las deportaciones, que con Obama llegaron a los tres millones de mexicanos, se incrementarán. El odio racial característico de muchos norteamericanos se está focalizando desde ahora en los mexicanos y los actos de violencia particular e institucional contra ellos se multiplicarán e intensificarán.

Trump no tiene más plan que cumplir sus amenazas, aunque el gobierno mexicano y la cúpula empresarial parezcan no darse cabal cuenta de ello.

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