17 de Noviembre de 2018

Opinión

Probable silencio de Grito en Chetumal

Por lo que los maestros han tomado por asalto la Explanada de la Bandera de la capital del Estado, no habrá Grito, ni Desfile al día siguiente...

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Por lo que los maestros han tomado por asalto la Explanada de la Bandera de la capital del Estado, no habrá Grito, ni Desfile al día siguiente, que presiden desde el balcón de Palacio de Gobierno los tres poderes de Quintana Roo, luego de que cientos de mentores obstinados en agreste lucha magisterial insisten en permanecer en la plaza pública de los quintanarroenses.

En una decisión que será histórica, si por la resistencia de los mentores no desalojan la Explanada se suspendan los significativos días patrios, sin embargo, las realidades de este hecho crucial, que parte en dos la historia de los quintanarroenses mexicanos de este lado, estará en ciernes la sentencia de la voz mandante del pueblo, la vox populi, que hará constar lo que le compete decir que se les niegan sus derechos a las garantías y a coartar la tutela afectiva de la patria dada la ausencia de entendimiento de los mentores en insurgencia.

La culpabilidad de los maestros queda evidente a la sentencia del pueblo. Se resume en auscultar el móvil y los hechos que crean el riesgo de inseguridad, por lo que los maestros dan al traste con el hilo constitucional, y que el Gobierno en decisión que adopta el derecho de libertad de expresión y libre tránsito de los mentores y, de toda la sociedad en su conjunto.

Paradójicamente, líderes del comité de lucha magisterial –así se denominan– acudieron a la audiencia con la titular de la instancia educativa del Estado y con el secretario de Gobierno, y salieron con los acuerdos en las manos para manifestárselos a la base sindical de los trabajadores de la educación, -con “ente” en su acrónimo-.

Pero, no aceptaron la minuta con el deliberado propósito, eso sí, de involucrar a la sociedad civil en unos hechos graves que comprometen únicamente a los maestros manifestantes.

Y ello dio a pie a reuniones entre funcionarios estatales para determinar si se llevará a cabo o no los festejos patrios del 15 y 16 de Septiembre, se suspenderán –dicen– ante las amenazas y acciones agresivas que han emprendido los maestros paristas.

Lo que se busca es garantizar la seguridad de miles de personas que todos años celebran esta tradición y enfatizó el secretario de Gobierno, que de ser riesgoso, no se expondrá la integridad de los ciudadanos. Que sólo en caso de que los maestros levanten su paro se podrán realizar las fiestas patrias.  

Es un atentado al sentimiento patrio de los mexicanos de este lado, que sentidamente valoran los sureños quintanarroenses como la gran virtud del espíritu histórico que brota al unísono con el Grito de Independencia.

La obstinación es la distancia más larga del entendimiento, pero si a partir del análisis sugerido por los maestros de presionar con su plantón frente al Palacio de Gobierno, con respecto a “estorbar” los días 15 y 16,  se puede apreciar el derroche costumbrista y fastuoso de los trabajadores del magisterio para tomar al espíritu patrio como rehén.

Y aun no se da explicación alguna de la indolencia magisterial a la resistencia para no regresar a las aulas a impartir clases, sino siguiendo dañando al componente social, que lanza un quejido silencioso sabedor de que el juramento de defensa de la integridad territorial está comprometido desde antes, cuando el Grito en  honor a la patria fue adoptado desde 1810.

Y no se duda que la lucha magisterial en movimiento alzado tendrá su ruta más corta en la consagración de los acuerdos entre ambas partes, para dejar en paz la libertad de mostrar la esencia patriótica de los mexicanos de acá. 

Y es como un privilegio mayor que asiste al pueblo a expresarles un grito silencioso a los docentes que se encuentran apostados en el parque de la Explanada. 

Así, de verde, blanco y colorado se  colorea la esencia del pueblo quintanarroense que alberga como tierra de gracia la patria, de espíritu opulento y grande, capaz de derrotar cualquier reflujo histórico o grupal.

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