26 de Septiembre de 2018

Opinión

Profetas de desventuras

En México se han dado situaciones parecidas, así la secta denominada “La nueva Jerusalén” surgió en 1973...

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En estos momentos más de 650 personas se encuentran instaladas en el noroeste de Nicaragua, el asentamiento está integrado en su totalidad por miembros de una secta llamada “El cuerpo místico de Cristo”. Han llegado a la población de El Viejo esperando un rapto divino durante la segunda llegada de Cristo; el arrebatamiento o rapto divino se producirá, según el Apocalipsis, en los momentos previos a las tribulaciones del fin de los tiempos, en esos instantes los verdaderos creyentes serán arrebatados por el Señor y llevados a su presencia.

Los creyentes provienen de diversas áreas de Nicaragua y de países como Guatemala, Honduras y El Salvador, se encuentran hacinados en jacales hechos con madera, palma y plásticos, duermen en hamacas. Las condiciones de salubridad son deplorables, hay 300 menores de edad entre ellos que no van a la escuela, malnutridos, sin acceso a servicios de salud; la comunidad sobrevive con los recursos que los creyentes aportaron a los pastores después de vender todas sus pertenencias, pero los líderes viven en viviendas bien edificadas, con computadoras y acceso a Internet.

En el poblado hay una alta incidencia de varicela entre los niños, sin embargo los adultos se niegan a que sean atendidos por las brigadas de salud que el gobierno ha enviado a la región. Existe el peligro de un brote epidemiológico, pero los habitantes insisten en que su único sanador es Jesucristo y se niegan a aceptar a los médicos enviados por el gobierno. El presidente Daniel Ortega se encuentra considerando si ha llegado el momento de intervenir para garantizar el bienestar de todos; Javier Sánchez, el pastor que lidera el movimiento, fue detenido, y, a pesar de la existencia de otros pastores, la comunidad se encuentra a la deriva. Estos mercaderes del fin del mundo y profetas de desventuras les han secuestrado la conciencia y la libertad.

En México se han dado situaciones parecidas, así la secta denominada “La nueva Jerusalén” surgió en 1973, cuando una mujer de la región dijo haber comenzado a recibir mensajes de la Virgen del Rosario, eligiendo al párroco del pueblo de Pururarán,  Michoacán, para conducir el movimiento. El sacerdote fue excomulgado por la Iglesia católica y se autodenominó Papa Nabor, dándole el nombre de Mamá Gabina a la vidente. A pesar de haber pasado por una crisis que significó la división de la comunidad en dos bandos, siguen manteniendo un enfrentamiento con el Estado mexicano, originado, entre otras cosas, por negarse a que los niños vayan a la escuela.

Los hombres siempre llevan una cruz, las mujeres se cubren el cabello con paños de colores, nadie puede escuchar radio o ver televisión, las niñas deben permanecer calladas la mayor parte del día y ningún niño debe acudir a la escuela; están prohibidas las bebidas alcohólicas, no hay centros de salud, nadie puede salir sin permiso de la comunidad y durante algún tiempo estuvieron prohibidas las relaciones sexuales.

Los habitantes de la comunidad enseñan a los niños a leer y escribir y sólo algunos elegidos pueden continuar sus estudios, pero únicamente están autorizados a aprender los mensajes que la Virgen del Rosario ha entregado a los pobladores; por esta razón los habitantes han destruido las dos únicas escuelas primarias existentes e impiden que los maestros enviados por las autoridades entren a enseñar a los niños. Toda la vida comunitaria está dirigida a salvarse del Apocalipsis que esperan desde los años setentas. 

Parecen olvidar que la Biblia misma señala que “el día del Señor vendrá como ladrón en la noche”, “porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis”. Estos falsos profetas, comerciantes del temor, han secuestrado la alegría de vivir de sus comunidades, sumergiendo a los creyentes en un temor que se cuenta día a día y hora a hora, esperando un devastador final del mundo. Estos mercaderes de la desesperanza y calumniadores del cielo roban la esperanza de sus seguidores y les niegan el derecho a una vida feliz, tranquila y productiva, condenándolos a vivir día a día esperando un final terrorífico del mundo que conocen.

Situaciones muy lejanas a nuestras vidas, pero es un buen momento para preguntarnos a nosotros mismos si vivimos la vida con alegría y esperanza y así la comunicamos a los demás o vivimos bajo el temor constante y acabamos transmitiendo a los demás un mundo tenebroso, amenazador y en el que sólo se puede vivir con miedo.

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