22 de Octubre de 2018

Opinión

Profetas de la falsedad

Estos charlatanes, profetas de la mentira, embaucadores de la conciencia, extienden su nefasta influencia a todos los ámbitos de nuestra vida...

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Transcurrían los años ochenta, en la ciudad de Campeche una mujer de nombre Regina hizo saber a sus amigos y vecinos que, por medio de sueños y visiones, Dios le había advertido de la pronta llegada de un segundo diluvio del que sólo podrían salvarse construyendo una nueva arca, que, a diferencia de la primera, estaría destinada a salvar exclusivamente a los que creyeran en la palabra de la mujer. No faltaron personas que, fascinadas por la brillantez del discurso de Regina, decidieran cooperar en la construcción. Con el correr del tiempo y una buena cantidad de donativos, el arca comenzó a tomar forma, hasta que un buen día doña Regina desapareció de la noche a la mañana con todo el dinero reunido.

Otros mercaderes de la verdad han dejado cicatrices mucho más profundas entre sus creyentes.
Jim Jones, un estadunidense autodenominado reverendo Jones, estableció en Guyana un poblado al que bautizó Jonestown; su agrupación se llamaba Templo del Pueblo y, ante las afirmaciones de que muchos de sus seguidores se encontraban retenidos a la fuerza, el congresista norteamericano Leo Ryan visitó el poblado para constatar la realidad; él y otras cuatro personas fueron asesinadas por los seguidores de Jones, quien, presa de un mesianismo apocalíptico, ordenó el suicidio colectivo de toda la comunidad: 912 personas acabaron muertas, algunas asesinadas al resistirse a cometer suicidio y la gran mayoría segando sus propias vidas.

Otra tragedia marcada fuertemente por una visión religiosa del fenómeno ovni sacudió a los Estados Unidos durante 1997: Marshall Applewhite, uno de los fundadores de la organización llamada Puerta del Cielo, logró convencer a sus seguidores de que detrás del cometa Hale-Bopp, que en ese momento se encontraba cerca de la Tierra, se encontraba una nave extraterrestre que llevaría sus almas a otro plano de existencia. La única forma de llegar hasta la nave era cometer suicidio y sus almas se dirigirían hacia ella. 38 personas tomaron una combinación de jugo de manzana, barbitúricos y vodka y sus cadáveres fueron encontrados días después.  

Algunos profetas de la falsedad se llevan el dinero de sus creyentes, otros producen tragedias en las que decenas y decenas de personas pierden la vida, algunos más luchan por tergiversar la realidad y sumen a sus seguidores en la creencia de que ellos son los iluminados que conocen con autoridad una realidad alterna que los ignorantes como nosotros no llegamos a comprender. Propagadores de teorías de conspiración, tejedores de fábulas que alteran la historia, pululan por el mundo tratando de encontrar la próxima víctima a quien inocular los desvaríos de sus fantasiosas y enfermizas mentes.

Contra todo el probado conocimiento de historiadores, sociólogos e incluso organismos internacionales o instituciones educativas de reconocimiento mundial, nefastas personalidades como Ursula Haverbeck niegan las masacres cometidas por los nazis. Máxima dirigente de una organización ultraderechista alemana que fue clausurada en 2008 por promover la ideología nazi, bautizada como la Abuela Nazi,  con una sentencia suspendida por sedición, fue condenada en 2015 a 10 meses de cárcel en Hamburgo por negar la verdad histórica del Holocausto.

Estos charlatanes, profetas de la mentira, embaucadores de la conciencia, extienden su nefasta influencia a todos los ámbitos de nuestra vida, desde la conservación de la salud hasta la educación de nuestros hijos, la vida en pareja, la sexualidad o la familia.

Provocando confusión, entremezclando algunas verdades con gran cantidad de mentiras, seducen a los incautos impresionados por la posibilidad de que la realidad por todos conocida no lo sea tanto. Entusiasmadas por conocer “verdades” a las que muy pocos tienen acceso, ensoberbecidas por la posibilidad de sentirse especiales, únicas, diferentes y sabias, no pocas personas se tragan todas las putrefactas mentiras propagadas por este tipo de individuos.

Consecuencias realmente catastróficas para nuestra propia existencia por dejar que nuestro ego quede encantado por este tipo de mentirosos, podemos llegar a atentar contra nuestra vida como muchos lo han hecho, derivar en prácticas insanas y perjudiciales para nuestra salud, perder la armonía en la pareja o la familia, contribuir a la perdición de nuestros hijos o a la perversión de nuestra sexualidad. Como Ulises, protejámonos del canto de las sirenas que pretenden llevarnos a la perdición.

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