20 de Octubre de 2018

Opinión

Progreso y esperanza

El progreso nos resulta bicéfalo y donde con más violencia presenta las dos caras de sus cabezas es en la guerra.

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Hubo un tiempo en que progreso fue sinónimo de esperanza. Casi puede decirse que, de una u otra manera, fue así en todas las épocas: las religiones abren una esperanza hacia el futuro. Sin embargo, fue la Ilustración el tiempo en que se dibujó un futuro siempre promisorio gracias al pensamiento científico y a la superación de las supersticiones. 

Hoy, el progreso nos resulta bicéfalo y donde con más violencia presenta las dos caras de sus cabezas es en la guerra. Pienso en esa niña rescatada de un bombardeo en Alepo, en Siria, aún en el vientre de su madre. La metralla había llegado hasta ella antes de nacer y se le había incrustado en el pequeño cuerpo, sobre todo en el cráneo. Pudieron los médicos extraer las esquirlas y pudimos, al otro lado del mundo, ver esa operación que hace unos años ni hubiera podido hacerse ni hubiera podido transmitirse.

Un rostro de la tecnología en su máxima expresión. El otro, el capaz de construir bombas con fuerza que destruye una ciudad a control remoto y atacar de una manera diabólica el pequeño cuerpo de una niña nonata. El progreso de la industria armamentista la hirió en lo más profundo. El progreso de la nueva medicina le pudo salvar la vida.

Es, finalmente, una carrera en claroscuros porque entre guerra y paz no caben los matices. Pero la guerra, que deja mucho mayores dividendos, va a la cabeza. La paz deja satisfacciones espirituales que no cotizan en las bolsas de valores, como la que produce ver a los médicos extraer la metralla del cráneo de un bebé.

Que un genio como Stephen Hawking pida a la ciencia que, para salvar al género humano, encuentre la manera de mudarlo a otro planeta, escapar de “la casa de todos” que es la Tierra, simboliza las dos caras del progreso: acabaremos con la vida en general y salvaremos la vida de unos privilegiados. 

Esa es una versión del progreso. La otra no tiene más fundamento que la esperanza. Hay elementos suficientes para asegurar que la guerra lleva siglos triunfando sobre la paz, pero...

El hecho de que Amal, nombre de la niña salvada en Alepo, signifique “esperanza” en castellano abre los espacios del símbolo y del sueño: tal vez la humanidad, en su progreso imparable, no acabe con la mayor parte de sí misma y deba abandonar “la casa de todos” para seguir viviendo. Contra toda esperanza, Amal es esperanza.

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