24 de Septiembre de 2018

Opinión

¿Propaganda o pesadilla?

Muchos me dirán que es un asunto que se resuelve con el barrido diario.

Compartir en Facebook ¿Propaganda o pesadilla?Compartir en Twiiter ¿Propaganda o pesadilla?

Medio masivo por excelencia, el volanteo casa por casa es una realidad apabullante. Toda clase de anuncios de negocios y servicios son repartidos cotidianamente de casa en casa por operarios que depositan la propaganda en el buzón de correo. 

De no haber tal, resuelven el asunto donde y como se les ocurra.  

En el quicio o entre las dos hojas de la reja de entrada. Doblado o hecho rollo lo colocan donde pueden. Otros, parece ser, impunemente lo arrojan al interior del predio. No entiendo bajo qué código de excelencia en el servicio al cliente se conducen de esa manera, o por instrucciones de quién. 

Muchos me dirán que es un asunto que se resuelve con el barrido diario. Pero recuerdo perfectamente un volante enredado en una mata de Neem. Al paso de los días era sólo basura, propaganda miserable, perdiendo firmeza y color. Un asco.

Desde ese día, pienso por qué toleramos esa propaganda invasiva y cómo resolver el problema. Después de noches reflexivas, me atrevo, estimado lector, a confiarle algunas experiencias oníricas recientes que me han sucedido. 

Juzguen ustedes: 

Me soñé colocando un marco de corcho en la barda que da al frente de la casa, donde se invitaba al repartidor a colocar la hoja impresa en el espacio dispuesto a ese fin con un alfiler, evitando arrojarlo al piso del garaje. Hay que darle facilidades al señor. 

Aclaré que si en la fecha de la próxima entrega encontrara el área repleta de otros participantes, tendría todo el derecho a colocar su mensaje sobre el que mejor le parezca; digamos, encima de su competencia. 

Por mi parte, accedía a retirar los volantes el día que pase el camión de la basura; hasta que dejaran de aparecer.

Pero al tanto, otra pesadilla me revolcó cuando me vi cargando una aparatosa bolsa de basura repleta de propaganda de un establecimiento. 

En la entrada del negocio abría la bolsa. La agitaba. Decenas de papeles se esparcían sobre el impecable linóleo. Otros muchos afectados se unían a mi causa y explicábamos al encargado: “Aquí les traemos de vuelta el mugrero que arrojan en nuestra casa”. ¡Qué momento tan solidario!

No se discute la estrategia mercadológica del asunto, ni el genuino interés de la agencia publicitaria por satisfacer a su cliente. En todo caso, tómese el presente como el derecho de actuar de manera recíproca. Vaya biem.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios