16 de Diciembre de 2018

Opinión

Pues sí: olía todo a gas… 'halón'

Siete horas después de que estalló lo que hasta esta madrugada pareciera que el gobierno federal sigue sin saber qué diablos fue.

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Siete horas después de que estalló lo que hasta esta madrugada pareciera que el gobierno federal sigue sin saber qué diablos fue, las imágenes nocturnas del secretario de Gobernación flanqueado por los de Marina y Defensa sugirieron la inminencia del anuncio de un acto criminal deliberado.

No obstante, el coordinador de las áreas de seguridad nacional, Miguel Ángel Osorio Chong, se limitó a lo prioritario: el rescate y la atención de los heridos y la recuperación de cadáveres.

La incógnita quedó abierta pero este lunes, por fin, es muy probable que sea despejada: ¿qué ocurrió en uno de los anexos a la torre matriz de la empresa más emblemática de los mexicanos?

Puede comprenderse que las autoridades quieran ser tan prudentes que no se apresuren a informar sin todos los datos precisos, concisos y macizos, pero se antoja insensato que ni siquiera, con excepción del director de Pemex, se atrevan a decir hacia dónde apuntan los peritajes realizados: ¿accidente o bombazo terrorista?

Se ha sabido prácticamente de inmediato de lo segundo cuando otras instalaciones de la empresa han sido blanco de atentados: el 10 de julio de 2007, el Ejército Popular Revolucionario recortó el suministro de gas con bombazos (sin causar víctimas) en ductos en Veracruz, Querétaro y Guanajuato; el 19 de diciembre de 2010, por robo de combustible, explotó un oleoducto en San Martín Texmelucan, Puebla (30 muertos y medio centenar de heridos); el 7 de diciembre de 2011, un artefacto reventó un oleoducto en Veracruz (no hubo víctimas).

El 21 de septiembre de 2005, pocas horas después de que el helicóptero del entonces secretario de Seguridad, Martín Huerta, se estrellara en el Edomex, sabíamos que fue accidente, como también el avionazo (4 de noviembre de 2008) y el helicopterazo (11 de noviembre de 2011) en que murieron los secretarios de Gobernación Juan Camilo Mouriño y Francisco Blake.

De lo sucedido en el B2 de Pemex, el gobierno federal se ha pasado de hermético, pese a que el director Emilio Lozoya, a la mañana siguiente (con Carlos Loret de Mola), aceptó que la información provisional apuntaba hacia el accidente.

El mismo viernes, poco antes de las tres de la tarde, con Tania Díaz en MILENIO Televisión, di a conocer lo que repetí en Radio Fórmula con Joaquín López-Dóriga: que expertos (de los mejores que tiene México) me confiaron que se trató de una especie de “implosión” provocada por el estallido de un gas que se empleaba contra incendios en la época en que se construyó (hace 28 años) el conjunto de la Torre Pemex, y que dejó de usarse porque destruye la capa de ozono. Lo absurdo, me comentaron, es que se le mantuviera en el edificio de la tragedia.

Dos horas después de mi anticipo, el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, negó la “implosión” pero dejó abierta la probabilidad de que la causa tuviera que ver con gas halón.

Bien, pues lo más probable es que hoy se confirme que fue un accidente causado por ese… u otro gas con los mismos peligrosos componentes.

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