20 de Octubre de 2018

Opinión

¿Qué sigue?

Uno de los mayores desafíos que enfrentan ahora los norteamericanos es unir de nuevo a un país profundamente dividido...

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Como nunca antes en la historia, muchos en nuestro país hemos estado al pendiente del proceso electoral en los Estados Unidos de Norteamérica, que concluyó en la madrugada del miércoles pasado al erigirse en el 45º presidente de ese país el empresario Donald Trump.

Algunas personas han sido críticas de la importancia que hemos dado a este suceso externo, sin embargo yo creo que ha sido positivo, pertinente e importante mantener una cercana vigilancia, una atenta observación, y haber realizado un juicioso análisis de todo lo que ha ocurrido en este histórico proceso, que ha resultado intenso, fragoroso, lleno de sorpresas, y que a final de cuentas debe servirnos para reflexionar acerca de nuestros valores, nuestra lucha, nuestros sueños y el potencial que como mexicanos tenemos y podemos desarrollar en adelante.

La dependencia de nuestro país de lo que suceda al vecino del norte es incuestionable. Desde siempre cualquier gráfica de crecimiento económico, empleo y otros indicadores acusa una estrecha relación entre ambos paises, se desee o no, se esté de acuerdo o no. De modo que no es para nada ocioso el tiempo que se dedique al análisis antes y después de finalizado el proceso. Ahora bien, ¿qué sigue?

Ante un resultado que pocos alcanzaron a prever, un polémico magnate del mundo de los negocios se ha hecho con el triunfo. Su desempeño, discurso y actitudes durante la campaña han hecho suponer muchas cosas que generan temores, pero que no debemos tomar como relevantes. Creo que lo que se dice y hace en una campaña suele ser muy diferente de lo que puede y debe hacerse desde tan alta responsabilidad.

Uno de los mayores desafíos que enfrentan ahora los norteamericanos es unir de nuevo a un país profundamente dividido. Tanto Trump, en su discurso de la victoria, como Clinton, en el suyo de claudicación, abordan como eje central este tremendo problema, hasta parece que ambos discursos fueron escritos en perfecta sintonía, pero lo que realmente ocurre, y es algo que siempre admiro de ese país, es que siempre se tiene muy presente lo verdaderamente importante, y muy al margen de la personalidad de quien ocupe la oficina oval, se terminan imponiendo la sensatez y la conveniencia de la mayoría.

Promete Trump una reconstrución de su infraestructura, convirtiendo la calidad de sus autopistas, puentes, túneles, aeropuertos, escuelas y hospitales en algo insuperable. Sabe muy bien de lo que está hablando, no existe mejor motor de la competitividad que la infraestructura debidamente planeada y magistralmente ejecutada.

Señala la meta de duplicar el crecimiento y constituirse en la economía con mayor fortaleza del mundo, mientras que se “llevarán bien” con cualquier nación que “desee llevarse bien” con ellos, ofrece crecimiento en común en oposición a hostilidad, asociación en vez de conflicto.

Me gustaría ver que logre esos objetivos, si lo consigue, estoy seguro que a México le irá bien, quizás mejor que si hubiera ganado Hillary Clinton.

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