23 de Septiembre de 2018

Opinión

Querer y amar a México

Suele definirse la nacionalidad como un vínculo jurídico-político de una persona con un Estado. Muchos confunden nacionalidad con ciudadanía. Esta última se define como una calidad de los individuos ante el Estado.

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Ninguno ama su patria por ser grande, sino por ser suya.- Séneca

Suele definirse la nacionalidad como un vínculo jurídico-político de una persona con un Estado. Muchos  confunden nacionalidad con ciudadanía. Esta última se define como una calidad de los individuos ante el Estado. Es decir, para lograrla se requieren tres condiciones: la primera ser mexicano, la segunda tener 18 años cumplidos y la tercera tener un modo honesto de vivir.

Dice el artículo 33 de la Constitución Política federal que son extranjeros los que no posean las calidades determinadas por el artículo 30 de la propia Constitución. Es decir, son extranjeros los que no son mexicanos y son mexicanos los que no son extranjeros. En México se acepta, desde hace algunos años, la doble nacionalidad. Los efectos jurídicos de esta circunstancia son para realizar actos jurídicos dentro del territorio nacional como si fuera mexicano, aunque se tenga otra nacionalidad.

La nacionalidad mexicana puede ser por nacimiento y por naturalización. En el primer caso, pueden ser los que nazcan en el territorio nacional sea cual fuera la nacionalidad de los padres por motivo o atributo del ius soli, o derecho que proporciona el hecho de nacer en cierto territorio. También se puede ser mexicano por el ius sanguinis o vínculo de sangre, por nacer, independientemente del lugar, de padres mexicanos o sólo de madre o padre mexicanos. El otro principio para determinar la nacionalidad por nacimiento es el de la extraterritorialidad, es decir, por nacer en embajadas, consulados o buques y aeronaves de matrícula o bandera nacional. 

En los casos de personas que siendo de otros países opten por renunciar a ese vínculo jurídico-político y se conviertan en mexicanos, es decir los naturalizados, tienen restringidos muchos de sus derechos de participación fundamentalmente de cargos de representación política. Si los vamos a considerar compatriotas deberíamos concederles plenos derechos. Se ha llegado incluso al absurdo jurídico-político de querer restringir su participación hasta en la Selección Mexicana de futbol. 

A los mexicanos por nacimiento nunca nos han preguntado si queremos serlo, empero los naturalizados han renunciado a un viejo vínculo afectivo estatal y han externado su voluntad de querer ser mexicanos. El criterio que debería imperar para determinar la nacionalidad mexicana es el de querer y amar a México.

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