22 de Julio de 2018

Opinión

¿Quién ayuda a los bomberos?

En los últimos 10 años, el “Diamante del Sur” como alguna vez se le llegó imponer a Chetumal, ha registrado un acelerado crecimiento en las zonas comerciales y residenciales; no así, en el cuerpo de socorro...

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En los últimos 10 años, el “Diamante del Sur” como alguna vez se le llegó imponer a Chetumal, ha registrado un acelerado crecimiento en las zonas comerciales y residenciales; no así, en el cuerpo de socorro que se mantiene estancado, con un reducido personal, en un antiguo edificio en la avenida de los Insurgentes, de esta capital.

En la estación de bomberos, por la noche bajo unas lámparas de 40 watts que plasman una habitación triste, se observan en los dormitorios restos de lo que alguna vez fue un camastro, bases de camas con colchones remendados y los resortes de fuera. Todo limpio, eso sí, denota pulcritud… pero casi inservible.

En los rincones de la galera donde medio descansan los bomberos, se observan ventiladores reparados, mostrando el puro ingenio del mexicano para hacerlos funcionar.

Y vaya que sobran razones, para celebrar ese ingenio para lograr que esos ventiladores obsoletos avienten algo de aire. Mientras, este panorama se registra en los dormitorios.

En su escaso equipo se observan chalecos usados, utensilios con varias horas de uso, debido a que la gran mayoría de éste ha sido donada por otras estaciones de bomberos como la del municipio de Solidaridad, a quienes les cambian sus herramientas hasta dos veces al año.

Así, con este equipo de medio uso, los poco más de 26 bomberos de Chetumal, además de los siniestros de la ciudad, tienen que atender las emergencias que presentan comunidades como Calderitas, Bacalar y Subteniente López, porque estos lugares carecen de este servicio.

Sin equipo y sin recursos es como trabajan estos hombres valientes que arriesgan la vida. Y si bien es cierto que influye la falta de equipo, también es cierto que a veces fallan ellos, ¿y cómo no hacerlo?, si nunca reciben cursos de capacitación.

La labor del bombero es peligrosa, pero al acudir a un incendio las limitaciones afloran, y aunque tengan mucha iniciativa y decisión, al final quedan como mudos testigos de todas las tragedias, al ver cómo el fuego consume lo que encuentra a su paso.

Desde la administración de Andrés Ruiz Morcillo, el equipamiento para los cuerpos de bomberos se dio a cuentagotas, y cuando se les dio, se les dotó equipo desechado en ciudades de los Estados Unidos de Norteamérica. Es decir que los tragahumo cuentan con botas,  chalecos, y pantalones usados hace varios años por bomberos estadounidenses.

Si le echamos un ojo a los vehículos, la velocidad máxima que alcanzan después de varios minutos de estar revolucionando el motor es de 60 kilómetros por hora. Así, con estos elementos, es como enfrentan conflagraciones.

Desde hace dos años, los bomberos tienen el mismo uniforme. A la mayoría de las botas-pantalón se les mete el agua o están desgastadas.

El chaquetón especifica que debe usarse con un pantalón fabricado con el mismo material para evitar quemaduras, pero ningún bombero ha recibido dicho aditamento, pues los mandos superiores consideran que con las botas-pantalón es suficiente.

Los chaquetones, después de tres lavadas pierden 60% su eficacia, por lo que el retardante al fuego ya no protege la piel. Para seguir enumerando los rezagos, hay que decir que muchos de los cascos que usan los bomberos tienen más de seis años de uso.

Los carros bomba, tanque y escala no tienen el mantenimiento adecuado y muchos son modelos de la mitad de la última década del siglo XX. A poco más de 40 años de haberse conformado el H. Cuerpo de Bomberos de Chetumal, la lucha salarial persiste. Un bombero raso percibe quincenalmente dos mil 400 pesos, cantidad que no mejora en el caso de los oficiales en cuanto a los beneficios. Aunque parezca increíble, ser bombero en Chetumal no tiene ningún beneficio, pues ni siquiera cuentan con un seguro médico de gastos mayores, dado el riesgo que llevan. De sufrir un accidente, serían atendidos en la malograda institución del Issste.

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