22 de Octubre de 2018

Opinión

Racismo sin adjetivos

Los millones que votaron por Trump y nos lo enjaretaron a todos los demás deseaban desquitarse por haber tenido un negro en su Casa Blanca...

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Lo conocemos bien en Mérida y es uno de los autores jóvenes con mayor número de montajes en varias ciudades de la República, incluida, desde luego, su natal Monterrey. Se trata de Mario Cantú Toscano y de una obra suya brutal, con mayor capacidad de crueldad cuanto más aparenta una superficialidad boba y sólo un poquito políticamente incorrecta.

La pinche india es una obra que escarnece, lastima y, sin embargo, hace reír. Pero el escarnecido no es el mundo indígena sino la niña bien enferma de indigenismo. Los escarnecidos somos los espectadores, los que nos creemos modernos y orgullosamente mexicanos. Como lo ha señalado inteligentemente José Castillo Baeza, la puesta en escena de Pablo Herrero nos enfrenta al espejo para encontrarnos con nuestra ridiculez a tambor batiente. Reímos hasta que caemos en la cuenta de que nos estamos riendo de nosotros mismos y, entonces, carraspeamos.

Con ese sarcasmo tan afilado que caracteriza la dramaturgia de Mario Cantú Toscano, incapaz de concesiones y rayano en el sadismo, incluso desde sus títulos (como El hombre sin adjetivos, donde juega con el famoso título de Musil, o Arrojados al mundo sin cobertor de lana, con el cual se puso heideggeriano), Mario Cantú Toscano ataca de nuevo con su Pinche india, cuarta obra suya que dirige en Mérida Pablo Herrero. Estrenada en el Olimpo, tendrá su temporada en el Teatro Libertad.

Y también con su puesta en escena Pablo Herrero, buen cómplice de Cantú, se tira a matar y toca la médula ósea de nuestro nunca reconocido pero siempre vivo racismo nacional. Y, de pasada, también de nuestro acendrado sexismo.

No son privativos de los mexicanos. Los millones que votaron por Trump y nos lo enjaretaron a todos los demás deseaban desquitarse por haber tenido un negro, al que debían llamar “afroamericano”, en su Casa Blanca y van a tardarse un buen rato en fumigarla. Pero, aunque no sean privativos, nosotros siempre hemos negado nuestro racismo, nuestro sexismo, nuestra xenobia, desde que Isabel la Católica llamó encomienda a la esclavitud hasta hoy que llamamos muchachas a nuestras siervas y echamos la culpa de todos los males a los extranjeros.

La calidad actoral, indiscutible. Protagoniza Soco Loeza, acompañada por Marysol Ochoa, Teo Flores, Xhail Espadas, Carlos Molina y el propio director Pablo Herrero.

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