25 de Septiembre de 2018

Opinión

La raza y otros venenos

En un mundo cada vez más globalizado e incluyente, movimientos xenófobos, de un racismo nada disimulado, se han abierto camino...

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La historia de la humanidad se ha caracterizado por periodos de un avance extraordinario de las ciencias, las artes y el desarrollo de los derechos humanos, pero nuestro camino también se encuentra marcado por oscuros pasajes de estancamiento de lo humano, incluso retrocesos salvajes que marcan con amargura diversas épocas, es así que los portentosos desarrollos de Grecia y Roma se vieron seguidos por el marasmo casi milenario de la era feudal; de esta manera el desarrollo de nuestro planeta dista mucho de ser lineal y ascendente, más bien nuestras civilizaciones parecen andar a tropezones, a veces por buen camino y en otras ocasiones a punto de caerse.

El pasado siglo XX no fue la excepción, a pesar del imparable desarrollo de la industria y los portentosos adelantos técnicos que dieron origen al mundo, tal como hoy lo conocemos; nuestro desarrollo fue francamente disparejo: mientras las ciencias y la tecnología modificaban todo nuestro entorno, nuestro desarrollo interior, el acceso a la libertad de pensamiento, la libertad de expresión, la equidad y los más fundamentales derechos humanos siguieron siendo durante muchas décadas privilegio de unos cuantos.

Un desarrollo ilimitado de lo material no fue acompañado de un desarrollo igual en las libertades y derechos para todos; así llegamos a los inicios del siglo XXI con aún muy graves pendientes en estos aspectos; por diversos rincones de nuestras globalizadas sociedades encontramos condenables subdesarrollos en cuanto a las libertades, el acceso a la educación, la salud y el derecho al trabajo.

Mientras la ciencia y la técnica evolucionan de manera constante, el desarrollo humano parece estancado; viejos venenos de la convivencia humana como lo es el racismo, parecen no sólo sobrevivir, sino encontrar los caminos a través de nuestras modernas sociedades para seguir perpetuándose y envilecer nuestra convivencia.

En un mundo cada vez más globalizado e incluyente, movimientos xenófobos, de un racismo nada disimulado, se han abierto camino entre los habitantes del Viejo Continente, fomentando el temor a los diferentes, negando la riqueza de la diversidad, intentando mantener a  las sociedades europeas con una pureza casi hitleriana; sin el menor asomo de vergüenza rechazan cualquier tipo de inmigración que debilite la homogeneidad genética de sus diversos pueblos. Es así como vemos a racistas y xenófobos encontrar cada vez mayores cuotas de poder en varios países de Europa.

Por supuesto, estas actitudes no son privativas de un país o continente y por desgracia esta putrefacción se ha extendido hacia otros rincones del planeta, así el aún numeroso grupo de los llamados WASP (White Anglo-Saxon Protestant), blancos, anglosajones y protestantes, encontró en Estados Unidos al paladín de sus retrógradas ideas en un vociferante, amenazador y humillante Donald Trump.

Temerosos ante la evolución del mundo tal como lo conocen, encontraron un Estados Unidos profundamente dividido y desencantado de su clase política, lo suficientemente falto de unidad como para tomar el gobierno estadunidense por asalto y desde ahí privilegiar su retórica bravucona, sexista y profundamente racista. 

Entre los mayores pudrideros de la humanidad se encuentra el racismo que asegura la superioridad de un hombre sobre otro por el color de su piel o sus características físicas. Hacia este cenagal lleva Donald Trump la actividad de su gobierno y en él pulveriza la unidad de su país. Dice el refrán que “quien siembra vientos cosecha tempestades”, sin duda muchas vendrán para su país y, por su enorme influencia, para el mundo.

Estamos en un momento desagradable de la historia, ante un mundo moderno, globalizado e incluyente se levanta el que quizás sea el último caudillo de la supremacía blanca, aquel dominante, autócrata, que aún tiene la esperanza de dictar el destino del mundo bajo su muy particular óptica e intereses.

Es en la unidad ante la imposición, la fortaleza de las ideas, la perseverancia en la convivencia humana, la equidad ante las oportunidades y en general en el aprecio, respeto y amor a toda la gran  diversidad de las características humanas, en donde encontraremos el camino para superar los viejos moldes de una idea sectaria de lo humano; en el aprecio a la diversidad humana hallaremos el camino para superar arcaísmos como Trump y sus similares.

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