18 de Septiembre de 2018

Opinión

Recetas de incredulogía

El interpelado no da crédito a la pregunta e inquiere enojado: -¿Qué tiene que ver mi mujer en esto?.

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El médico Rotundo Muchofilo, especialista en  Incredulogía, revisa meticulosamente el archivo de pruebas y resultados que tiene a la mano dentro de una carpeta. Se toma su tiempo y de vez en vez emite un enigmático “uhmmm…”, mientras da vuelta a la hoja y ataca la siguiente con creciente interés. Una vez repasado el cúmulo de información, dirige la vista al rostro del fulano sentado frente a él. Realiza una observación lenta mientras deja el expediente en la superficie del escritorio  y pregunta: -Dígame señor Simprecio, ¿cómo van ese insomnio, esas palpitaciones y sudores? ¿Ha notado algún cambio?.  El interpelado frota sus manos y responde con cautela: -Fíjese que no. Se siguen presentando, especialmente a la hora de irme a la cama. Estoy desesperado.

El especialista emite una sonrisa y agrega a continuación: -De acuerdo con los resultados, usted no padece mal alguno y salvo los triglicéridos y colesterol ligeramente altos, todos los valores se encuentran dentro de límites normales. Usted es una persona sana, sin ninguna duda. El paciente se revuelve en la silla, y aventura: -Pero debe haber una razón, doctor. ¿Dígame, qué opina?

Muchofilo emite un suspiro. Aprovecha a su vez para descansar la espalda en el amplio respaldo del sillón y tomando una postura confortable comenta: -La Incredulogía es una ciencia nueva y atiende circunstancias especiales que no son del todo entendidas por los pacientes. Lo único que me queda por preguntar puede ser algo delicado. Le ruego no lo tome a mal, pero ¿trae consigo una foto de su esposa?

El interpelado no da crédito a la pregunta e inquiere enojado: -¿Qué tiene que ver mi mujer en esto? 

-¿La trae o no, señor? Porque si le molesta podemos dar por terminada la consulta -responde firmemente el galeno.

Avergonzado, el paciente extiende una foto de cuerpo entero de su conyuge. El doctor la revisa concienzudamente por treinta segundos y la regresa a su propietario. -¡Como suponía! -exclama complacido y agrega: -Escuche bien señor Simprecio, pero teniendo una esposa del calibre, dicho sea con respeto, que usted se carga, es perfectamente entendible que sufra tales manifestaciones. No se apure por nada. Modere la comida y los tragos, haga  algo de ejercicio y especialmente, avóquese de lleno a su señora. Se sentirá mejor. 

Vaya biem.

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