13 de Diciembre de 2017

Opinión

Reencuentro de corazones

El mundo se comienza a ver muy grande cuando aquella persona con la que lo compartíamos no se encuentra ya a nuestro lado.

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Durante muchos años fui maestro y muchos de mis alumnos no eran de mi ciudad, un buen número de ellos habían llegado con sus familias en búsqueda de un mejor lugar para vivir, la mayoría no había elegido llegar a nuestra comunidad, gran número de padres fueron enviados a Mérida por las empresas en las que trabajaban. La distancia del mundo que conocían, la separación de abuelos, primos o amigos preocupaba y hacía sentir mal a la mayoría de los muchachos, la separación pesaba en sus corazones; con el correr del tiempo se iban adaptando a su nueva vida y llegaban a ser felices y plenos en su nueva ciudad, tan felices que ya no querían irse de ella.

La distancia aleja de nuestros días la sonrisa del hermano, del amigo o de la esposa, el corazón resiente la ausencia de la mano cercana, el alma suplica el ansiado abrazo que tanto extrañamos a diario, las tardes compartidas se vuelven un sueño en la distancia, nuestro corazón reclama la presencia que añoramos. El mundo se comienza a ver muy grande cuando aquella persona con la que lo compartíamos no se encuentra ya a nuestro lado y nuestra mente busca y rebusca entre los recuerdos tratando de paliar con ellos el agujero que nos deja en el corazón quien ahora no está; quisiéramos en el silencio sentir su presencia al lado nuestro.

Así como la vida está formada de uniones, también está marcada por la separación. Vamos a través de nuestra vida sufriendo de múltiples separaciones, vemos por muy diversos motivos alejarse al amigo, hijo, padre, esposa; en fin a todas aquellas almas tan importantes en nuestra vida, y en muchos instantes acabamos por encontrarnos pensando: ¡que dicha si él o ella estuviera aquí! 
Ahora bien, la  separación o la distancia no tienen que ser pérdida. A algunos de mis mejores amigos los veo muy poco, no con la frecuencia que desearía, sin embargo cuando es posible vernos, así hayan pasado meses o incluso algunos años, la llama de la amistad se encuentra intacta como si apenas ayer mismo nos hubiéramos dejado de ver. La dicha de las horas compartidas resurge entre nosotros y a ellas agregamos las que generosamente la vida nos brinda la oportunidad de añadir en esos momentos; son estos instantes en los que descubrimos que lo que la distancia separa el corazón lo une.

Podemos sufrir separaciones en nuestro interior, vamos dejando atrás al niño que fuimos, al adolescente soñador, al inexperto recién casado o vemos al adulto joven que fuimos irse adentrando en la bruma de los años; podemos incluso separarnos de la alegría o la esperanza e ir transitando por los áridos caminos de la pesadumbre, alejarnos de nuestras raíces y dirigir nuestros pasos por otros mundos y tierras lejanas, por otras ideologías o formas de vida.

La oportunidad del reencuentro siempre está latente, un día a la vuelta de la esquina podemos ver a aquel maestro que tanto marcó nuestra vida en la juventud, los hermanos pueden regresar o podemos regresar nosotros, los amigos pueden llegar a disfrutar de nuevo de la cercanía, la calidez y la confianza de quien bien te aprecia, los esposos o esposas lejanos pueden de nuevo estar cercanos, los corazones pueden volver a latir juntos y celebrar así la dicha que la vida les permite en el reencuentro.

Podemos reencontrarnos con el niño que fuimos, disfrutar de su alegría y su inocencia, compartir de nuevo con nuestro adolescente interno todos los mismos sueños que siempre han impulsado nuestra vida, podemos reencontrar la esperanza, la fe, la alegría y permitir que todas ellas florezcan en el jardín de nuestra vida, siempre que estemos dispuestos a pagar el precio del esfuerzo, la paciencia, el amor y la confianza necesarios para traerlos de nuevo a nuestra vida. No en balde se dice que el amor es paciente, no es egoísta, disculpa y cree, todos ellos ingredientes más que necesarios para el reencuentro de los corazones.

Este reencuentro de dicha plena y ternura infinita será siempre el lugar ideal para limar asperezas, abandonar aquello que daña y limita la relación, ya sea con aquellos a los que amamos o con nosotros mismos. Con el alma y la vida centrados en aprovechar la maravillosa oportunidad del reencuentro, dispongámonos a brindar lo mejor de nosotros mismos para nuestro bien y para el de quien de nuevo tenemos la oportunidad de ver directamente a los ojos. Que todos tengamos la oportunidad de hallar el amor pleno en el reencuentro de aquellos corazones que se aman.

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