16 de Noviembre de 2018

Opinión

¿Referéndum o proselitismo?

Ninguna de las propuestas del PRI, PAN, PRD que someterán a 'consultas de opinión' corresponde a demandas prioritarias de la sociedad, que tienen que ver con la inseguridad y pobreza.

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La crítica más fuerte que se puede hacer a los partidos políticos es su distanciamiento y desapego de los intereses -demandas, propósitos y deseos- de la sociedad para sustituirlos por sus programas de gobierno o, peor aún, su utilización propagandística con el mero propósito de detentar el poder.

Para ello se han perfeccionado instrumentos como las “consultas de opinión” con las que hipotéticamente se puede construir un programa partidista o bien una candidatura triunfadora.

Sin embargo, aunque todos los partidos puedan tener acceso a la misma “encuesta”, sólo uno de ellos se alzará con la victoria.

La respuesta puede estar, además de la capacidad organizativa partidista, en la congruencia y la credibilidad. Porque la gente ha aprendido a diferenciar las propuestas que son viables de las que no lo son, así como los verdaderos propósitos detrás de la demagogia.

Hoy  los partidos políticos tienen la necesidad de tomar posiciones de cara a las elecciones intermedias del año que viene, lo malo es que los tres grandes han decidido hacerlo utilizando, como juguete nuevo, el referéndum, recientemente aprobado para perfeccionar nuestra democracia.

Comenzando por el PRD, que recoge firmas para consultar sobre la “Reforma Energética” recién aprobada por el Congreso, con la intención de echarla para atrás, aun a sabiendas de que ello no es ni legal ni técnicamente posible. Luego, el PAN, cuyo presidente, Madero, decide fusilarle a Mancera su propuesta de incrementar el salario mínimo para someterla a consulta también.

Y por último, el PRI, en evidente maniobra táctica, propone consultar sobre la necesidad de eliminar 100 diputaciones y 32 senadurías plurinominales.           

Las tres propuestas son, a mi juicio, electoreras, pues o bien no cumplen con los requisitos para ser sometidas a referéndum o, en su caso, resulta superfluo hacerlo. Las tres quedarían reducidas a la función proselitista de allegarle votos a los partidos.

La más demagógica es la del PAN, pues va en contra de su postura tradicional de oponerse al incremento de los salarios mínimos por encima de la tasa de inflación, y por ello no especifica cuánto propone que suban.

El PRD, por su parte, está consciente de que sólo teniendo mayoría legislativa podría revertir la Reforma Energética, lo que resulta improbable, pues el lopezobradorismo con Morena les puso tienda enfrente, lo que dividirá a su clientela.

La parte estratégica de la propuesta del PRI corresponde a la necesidad de no quedarse callado en materia de consulta y calcula que, al ubicarse contra la “clase política”, la sociedad pensará que está de su lado.

Pero no debe olvidarse que también forma parte del sistema partidista, que el actual sistema de representatividad es de su manufactura, ni de las razones para no incluir esa modificación en la Reforma Política recién aprobada.

Lo peor es que ninguna  corresponde a demandas prioritarias de la sociedad, que tienen que ver con el abatimiento de la inseguridad y la pobreza, mediante la creación de fuentes de empleo mejor pagadas.

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