25 de Septiembre de 2018

Opinión

¿Regular el Todo Incluido?

En pasados días llegó a mi, a través de las redes sociales, un documento que me parece por demás interesante...

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En pasados días llegó a mi, a través de las redes sociales (que vaya que bien utilizadas son un magnífico medio para compartir información) un documento que me parece por demás interesante y que seguramente, en un muy corto plazo, será un tema de discusión importante en el país.

Me refiero a la propuesta de modificaciones a la Ley General de Turismo en materia de “desarrollo turístico incluyente y equitativo”, presentada por senadores del PRD y encabezada por la Senadora Luz María Beristain. La propuesta en sus exposición de motivos habla de regular lo que para ellos es una “falla de mercado” y que se llama All Inclusive; aunque el tema no es nuevo, ya que desde inicios de la década se ha hablado de impulsar legislación para este tipo de operaciones, sí es la primera vez que entra ya como una propuesta de modificación a la Ley.

Con base en lo expuesto en el documento, los senadores no buscan prohibir esta modalidad de turismo, pero sí “controlarla” con los argumentos de tener un desarrollo turístico incluyente, una competencia sana, sanciones a prácticas monopólicas y generar inclusión de pequeñas y medianas empresas en las cadenas productivas.

Creo que todos los que nos dedicamos a la actividad turística estamos a favor de tener un sector más competitivo, que genere mayores beneficios a la gente, que logre enlaces productivos y que promueva la competencia sana. 

Y el análisis del All Inclusive deberá ser profundo, ya que las voces a favor y en contra suelen ser muy radicales. Los que están a favor, hablan que es una condición de mercado y que son los propios turistas y operadores, los que solicitan este tipo de operación porque es más cómoda, además de que los costos se reducen de forma importante.

En contra, está el tema de que se reduce la derrama económica del turista no solo en el destino sino al interior de los establecimientos de hospedaje (por ejemplo, en propinas), se fomenta un “encapsulamiento” del turista y se quita oportunidad a empresarios locales de recibir beneficios del turismo, además de que el turista conoce poco la región.

Hasta hoy, quedan en mí más preguntas que respuestas en relación con este tema, que sin duda habrá que estudiar, conocer y tratar de resolver si queremos un turismo solidario, sostenible y socialmente responsable en nuestros destinos. Aquí algunas de estas preguntas de las que me encantaría, queridos lectores, saber su opinión.

¿Debe el gobierno regular el All Inclusive o es una modalidad que, como aseguran algunos, se regula a través del mercado? Y es que si solo lo dejamos al mercado, sería como pelear contra Goliat; solo recordemos el fracaso que han tenido campañas como “Don’t miss Cancun, dine out” implementada por un grupo de restauranteros hace unos meses para invitar a los turistas a salir de los hoteles, y que no tuvo buenos resultados. Entonces, ¿podemos obligar al turista a salir, o al hotelero a dejar de vender este tipo de servicio?

La segunda pregunta que me viene a la mente es en el tema de cadenas productivas. ¿Debemos regular o debemos fomentar? Y les cuento un caso que he escuchado mucho en hoteles de la zona: un hotel de 1,000 habitaciones, en temporada alta, a ocupación del 100%, necesita darle de desayunar, comer y cenar a al menos 2,500 personas todos los días. ¿Tenemos los proveedores locales que puedan satisfacer esta demanda? En muchos casos no, y por ello la diversificación y el impulso a negocios de proveeduría en alianza con las secretarías federales y estatales pertinentes debe ser fundamental. Aún cuando pudiéramos controlar que los hoteles compren local, ¿tenemos la oferta?

Y por último: ¿regular el All Inclusive resuelve el problema de tener un turismo más equitativo? No estoy seguro, lo que sí sé, es que necesitamos promover una política de desarrollo diferente, basada en las necesidades del turista de hoy. Esto no acabará con el modelo de sol y playa ni con el All Inclusive, porque donde hay demanda hay oferta (¿o al revés?), pero sí nos puede permitir tener un turismo diferente, con turistas que tengan una mayor derrama en los destinos y con un beneficio más directo a la población local.

Sin duda, un tema que generará polémica y que vale la pena analizarlo a detalle. Me gustaría conocer sus opiniones. 

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